viernes, 24 de diciembre de 2010

Felices fiestas


El equipo redactor de Ecos y Espejos les desea a sus más que fieles lectores unas felices vacaciones de invierno. Esperamos también que el nuevo año les proporcione a todos las alegrías y buenas noticias que en nuestra España tan poco abundan últimamente. Aquí seguiremos el año que viene dedicándoles con cuentagotas estas pequeñas reflexiones y experiencias acerca del cine y la literatura que, esperemos, les gusten.

¡Felices fiestas!

Celia Fernández Alvariño

Isidoro Lamas Insua

viernes, 10 de diciembre de 2010

Cine autoritario: Ciudad de Dios y Tropa de Elite

Posiblemente Tropa de Elite y Ciudad de Dios sean dos de las mejores películas que he visto. Ambas son brasileñas y ambas versan sobre lo mismo: las relaciones de poder.

En "Ciudad de Dios" el protagonista es un joven negro (Buscapé) que vive en la fabela "Ciudad de Dios" y que lucha por salir de la miseria. Como no siente inclinación por dañar a sus semejantes, Buscapé no puede sino temer a sus vecinos criminales. No puede trabajar ni ejercer de criminal. Un inocente, un "mirón", en tierra de monstruos que terminará por ser fotógrafo oficial de la banda criminal que domina la fabela. Su historia, entre lo trágico y lo cómico, se establece aparentemente como la base de la película pero es sin duda lo menos interesante. Buscapé en realidad es un mero instrumento narrativo de la verdadera trama: la del auge, decadencia y caída de Zé Pequeño.

El delincuente Zé Pequeño se propone hacerse el dueño de Ciudad de Dios, caiga quien caiga, acompañado de un amigo, Bené, que tiene un carácter más compasivo. Mientras que Zé Pequeño se pregunta por qué ha de tolerar competencia en "su" fabela, Bené intenta por todos los medios convencerle de que sea tolerante. Sea como fuere, Ciudad de Dios termina por caer en poder de la banda de Zé Pequeño y en la fabela de Zé Pequeño (asesino, ladrón y violador) "nadie roba ni viola a nadie". 

Por otra parte se refleja, a medio camino de la delincuencia, a unos muchachos de clase media que durante la película son denominados insistentemente como "pijos". Éstos, que van a la fabela a por drogas, terminan por verse reducidos a la delincuencia para obtener su dosis de drogas. Una prueba muy clara de que es la dinámica criminal de la fabela, la anarquía, y no tanto sus habitantes, la base del crimen. Unos pocos malvados, con impunidad, pueden convertir cualquier lugar en un infierno y a quienes viven a su alrededor en meros fantasmas.

El imperio de Zé Pequeño, quien había hecho un trato con el mismo Diablo para obtener poder, acaba desmoronándose patéticamente tras dar éste rienda suelta a sus caprichos una vez se ve sin el consejo de Bené, una vez se ve sin límites. Como siempre, los hechos aparentemente más nimios pueden desencadenar la caída de los intocables.

En "Tropa de Elite" los protagonistas son policías. Uno de ellos (capitán Nascimento) está al mando de un pelotón del BOPE mientras que los otros dos (André y Neto) son policías del montón que han de luchar con la incomprensión y corrupción de sus mandos. La acción se centra en Río de Janeiro, meses antes de una hipotética visita del Papa Juan Pablo II a Brasil. Y como el Papa decide dormir en un barrio pobre el BOPE recibe la orden de "limpiar" la zona de bandas armadas y delincuentes. Esta "caza del hombre", que a muchos seguramente impactó, se ha visto reproducida en la realidad recientemente.

Igual que en "Ciudad de Dios" existe una trama colateral que se encarga de "los pijos". Sin embargo en "Tropa de Elite" cobra mucha importancia. Vemos a un grupo de jóvenes estudiantes universitarios que tienen montada una ONG en una fabela controlada por un "comando" de pandilleros. Los pijos estudiantes dicen que su presencia es tolerada porque los delincuentes de la zona tienen "conciencia social"; la realidad es que les emplean como camellos en los ambientes pijos a los que ellos no pueden llegar. André, que estudia Derecho, coincide en la universidad con esos pijos solidarios. Y es en este punto en que "Tropa de Elite" hace su propuesta más arriesgada, y relevante: dar cuenta de la hipocresía y completa irrealidad en que viven las clases altas y los académicos. Porque mientras en los barrios pobres la vida humana no vale nada y el mundo parece precipitarse a un apocalipsis de violencia y anarquía en la facultad de Derecho a la que acude André se discute sobre la excesiva violencia de la policía y su participación en un "Estado represor". André, que al principio intenta ocultar su condición de policía, terminará por detestar profundamente a sus compañeros de estudios por su debilidad e hipocresía. Para él no son más que unos "malditos burgueses".

En la comisaría, André y Neto comprobarán cómo sus superiores viven de un juego macabro, y estadístico, de mantenimiento de las apariencias (en la colosal The Wire se daba buena cuenta de este tipo de lacras). Desesperados, y amenazados de muerte por desafiar la corrupta red de sus superiores, Neto y André entran en el BOPE. Un cuerpo de fuerzas policíaco-militares que visten de negro y excluye de entrada a los policías con historiales de corrupción. Los "calaveras", como se hacen llamar, parecen un grupo de soldados fanáticos. Como parecen contar con "carta blanca" constituyen una fuerza terrible, por momentos aniquiladora. Odian a los delincuentes y a los policías "normales" casi por igual. Para el capitán Nascimento la lucha contra el crimen depende fundamentalmente de la voluntad de erradicarlo. Un acto de fe para el que la que la ley o los escrúpulos morales no son sino algo inútil. Y este impulso exterminador pasa factura a Nascimento, que busca dejar el BOPE antes de perder definitivamente la razón y, de paso, a su familia.

Para mí "Ciudad de Dios" y "Tropa de Elite" constituyen un caso digno de estudio. Por su crudeza y la paupérrima situación social que documentan pasan por ser "cine de denuncia". Algo que, claro, se confunde usualmente con ser progresista o transmitir un mensaje izquierdista. Un mensaje que, por el signo de los tiempos, como es sabido, pasaría por ser completamente legítimo. Pero ocurre que ni "Ciudad de Dios" y "Tropa de Elite" son, en realidad, esa clase de películas. Ambas, y especialmente "Tropa de Elite", son alegatos muy crudos a favor de la represión policial o, cuando menos, acerca de la necesidad de "ajustar" la ley del más fuerte. Con la paz o la libertad reducidos a objeto de concesión por parte de los poderosos parece deseable un mundo en que la ley en sí misma sea poderosa antes que justa. O lo que es lo mismo: allí donde no existe el orden no caben los valores y garantías del "Estado burgués". Una denuncia que, como dije antes, en "Tropa de Elite" es explícita. Porque si en "Ciudad de Dios" los asesinatos y crueldades se suceden ante la cámara como si de un documental sobre la selva se tratase en "Tropa de Elite" las transgresiones del BOPE se presentan sin un atisbo de crítica, incluso se presentan como heroicas. 

Con respecto a estas dos películas no estamos, pues, ante una parodia del fascismo como fue la criticadísima Starship Troopers de Paul Verhoeven, sino en realidad ante una apología del Estado autoritario. Una apología, en todo caso, que se debe comprender. Pero esa comprensión no procederá, desde luego, de quienes quieren ver en estos filmes un mero lamento por la pobreza, de quienes creen que los ideales y buenas intenciones pacifican y liberan de la opresión. No. Incluso la más antigua de las democracias no puede proceder con contemplaciones ante esa clase de crimen que sustituye la sociedad por un conglomerado de intereses criminales. Llega un momento en que ya no basta con meter todo bajo la alfombra. Estamos, pues, ante un cine muy valiente pero que representa ideas mucho más audaces, y peligrosas, que las que, al parecer, muchos han extraído de estas películas.




"Las nociones de rectitud e ilicitud, justicia e injusticia, no tienen lugar en la guerra." Thomas Hobbes.

jueves, 2 de diciembre de 2010

De profundis.


«Detrás de la alegría y la risa, puede haber una naturaleza vulgar, dura e insensible. Pero detrás del sufrimiento, hay siempre sufrimiento. Al contrario que el placer, el dolor no lleva máscara.»


De profundis es sin duda una de las obras más fascinantes si se quiere conocer de primera mano quien era Oscar Wilde. Es un testimonio escrito en forma de larga epístola que sin duda lo aleja de su imagen frívola y deslenguada y nos muestra a un hombre con un profundo pesar y dolor.


Esta larga carta la escribió Wilde en 1891 durante su estancia en la cárcel de Reading donde cumplía condena por "comportamiento indecente y sodomia", acusaciones realizadas por el padre de su joven amante, a quien va dirigida la epístola, Lord Alfred Douglas.


Fue publicada cuatro años después de la muerte de Oscar Wilde de la mano de su fiel amigo Robert Ross. Mientras estuvo en la cárcel no pudo enviarla a su destinatario, por lo que le confió a Robert Ross dos copias y una de ellas iba dirigida a Alfred Douglas quien negó siempre haberla recibido.


Para aquellos que en esta gélidas tardes o noches de invierno se quieran sumergir en una lectura tierna, con momentos soberbios nada mejor que esta expresión en carne viva del dolor, la traición y el amor más sincero.


Plagado de brillantes reflexiones sobre la vida, el amor, la amistad, la fidelidad, la religión..que nos acercan a la vida y obra de Oscar Wilde de forma más clara y sincera que ninguna otra obra o biografía sobre este autor tan fascinante.


"Pero los que vivimos en la carcel, y en cuyas vidas no hay mas acontecimiento que la pena, tenemos que medir el tiempo por espasmos de dolor y el registro de los momentos amargos. No tenemos otra cosa en que pensar. El sufrimiento -por curioso que esto pueda parecerte- es el medio por el que existimos, y es el unico medio por el que somos conscientes de existir; y el recuerdo del sufrimiento en el pasado nos es necesario como garantia, evidencia, de nuestra identidad continuada. Entre yo y el recuerdo de la alegria hay un abismo no menos profundo que entreyo y la alegria en su inmediatez".


"En la vida no hay verdaderamente cosa pequena ni grande. Todas las cosas on del mismo valor y del mismo tamano".


"Voy a empezar diciéndote que me culpo terriblemente.Aquí sentado en esta celda oscura, vestido de presidiario, infamado y hundido, me culpo. En las noches de angustia perturbadas y febriles, en los días de dolor largos y monótonos, es a mí a quien culpo. Meculpo por dejar que una amistad no intelectual,una amistad cuyo objetivo primario no era la creación y contemplación de cosas bellas, dominara enteramente mi vida. Desde elprimer momento hubo demasiada distancia entre nosotros".

martes, 16 de noviembre de 2010

martes, 2 de noviembre de 2010

Pablo Neruda.

Poema XVIII

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se descine la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.

A veces amanezco, y hasta mi alma esta húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

Extraído de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada".

jueves, 28 de octubre de 2010

La red social



Muchas películas, muchos directores, se aproximan a los malvados de su historia como quien contempla a un demonio enviado desde el infierno. Meros ejecutores automáticos de lo que les dicta su naturaleza malvada, aparecen siempre en contraste con personajes buenos sin demasiados matices. En "La red social", de David Fincher, los malvados que aparecen son simplemente gente con intereses, como cualquiera de nosotros. El mal es banal. El mal es dejar de prestar consideración a tus amigos, el silencio a quien espera tu confianza y, por supuesto, el engaño sobre esto o aquello en cuestiones aparentemente sin importancia. Es el cinismo. No hay necesidad de cuernos y rabo u hordas de oscuros servidores: el Diablo camina entre abogados.

Lo cierto es que tras ver la película de Fincher a uno se le pasa por la cabeza borrarse de Facebook. Porque quien ha creado el invento, según el filme, es una persona sin escrúpulos: un amoral. Una persona que nos encontramos en muchos ámbitos, por otra parte. Se trata del clásico individuo que sin llegar a ser solitario sí es incapaz de conectar con nadie y, en cierto modo, sabotea sus propias relaciones con los demás para "ir a su aire". Un informático que, por lo demás, en un momento y lugar diferentes a los EEUU del 2003 sería un potencial fracasado. Pero ya se sabe: los astros a veces se alinean de forma siniestramente favorable a esos fracasados.

La red social narra la historia desde tres puntos de vista, fundamentalmente: el del propio creador de Facebook (Mark Zuckerberg), el de quien se creía su mejor amigo (Eduardo Saverin) y fue financiador inicial del proyecto y finalmente el del grupo de estudiantes ricos de Harvard que encargaron a Zuckerberg el crear una red social para sentirse luego estafados. El más interesante, bajo mi punto de vista, es el de Eduardo Saverin: una persona ambiciosa pero honesta que se ve terriblemente traicionada, y desplazada, por un Zuckerberg que decide asociarse con el creador de Napster Sean Parker. Es interesante el punto de vista de Eduardo porque todos en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido traicionados, poco a poco, por las personas que creíamos de confianza. Al personaje de Saverin su amigo Zuckerberg le hace tragar poco a poco el veneno de su traición. Saverin, incrédulo, caerá en todas y cada una de las emboscadas que le tienda su amigo. Cuando finalmente toma conciencia del alcance de la estafa de que fue víctima su reacción todavía busca una reacción en el gélido Zuckerberg. Quiso ver en Zuckerberg un amigo, hasta el final: su engaño fue total. No hay pactos entre leones y hombres.

La persona que Fincher sugiere que es Zuckerberg podría resultar fascinante por su naturaleza maquiavélica. Algo que ocurría con Michael Corleone en la trilogía de El Padrino y con tantos otros malvados del cine. Sin embargo en Zuckerberg tenemos, en realidad, a un don nadie bastante poco admirable. Pero en la era de Internet, tal y como estamos viendo estos días, los héroes no son caballeros de reluciente armadura.

La revolución de Internet no es diferente, al final, de otras tantas. Las características de los emprendedores en los sectores de actividad económica suelen ser similares a las de Zuckerberg. Algo lógico dado que los nuevos procesos económicos necesariamente preceden a cualquier legislación y la lucha por la cuota de mercado es, en consecuencia, relativamente brutal. Y así se muestra en la película: donde Zuckerberg mediante tretas legales, abogados y oportunas lecturas acerca de los vicios de quienes le rodean consigue quedarse con todo y ser el indiscutible dueño de Facebook. Pero la diferencia del caso de Zuckerberg es que todo eso lo consigue sin apenas mancharse las manos: algo que le diferencia de los barones ladrones de las nacientes industrias del acero, los ferrocarriles o el petróleo. Y he ahí la diferencia respecto a un Michael Corleone o al despiadado Daniel Plainview, genialmente interpretado por Daniel Day-Lewis, de "Pozos de ambición". El componente físico, torcidamente heroico, de la construcción de los antigüos emporios económicos se desvanece y es sustituído por estrategias legales en forma de e-mail. Como diría Arturo Pérez-Reverte, ahora la pugna por el control de industrias en expansión es una mariconada. Y algo en nuestro interior, algo acaso salvaje, nos dice que es verdad: que Michael Corleone es un tipo listo que busca proteger a su familia (otro elemento ausente en Zuckerberg) mientras que el creador de Facebook es un hijo de puta. Se trata de turbocapitalismo.

Zuckerberg, evidentemente, no mata a nadie. Pero sin embargo se trata de alguien aterrador, en cierto modo, porque se trata, según la película de Fincher, de esa clase de personas que saben leer perfectamente los puntos débiles de los demás y van siempre una jugada o dos por delante de tí. Un personaje despreciable que me recordó mucho al Freddie Miles, interpretado por Philip Seymour Hoffman, de "El talento de Mr. Ripley": un personaje cínico y amoral que veía transparente al personaje de Ripley. Y el Zuckerberg de La red social sin duda ve transparentes a las personas y las manipula con el mismo cargo de conciencia que el científico que experimenta con ratas. 

La red social es la película más conmovedora, en lo trágico, que se ha realizado en bastante tiempo. Es un contundente golpe en el estómago. Zuckelberg, por su parte, es el villano más indignante llevado al cine, también, en mucho. Si la váis a ver saldréis del cine, seguramente, con remordimientos por estar en Facebook. Se trata, en definitiva, de la critica al capitalismo salvaje más elocuente realizada en el cine hasta la fecha: sin moralina en vena ni intenciones ideológicas groseras. Os la recomiendo encarecidamente.







"La ambición suele llevar a los hombres a ejecutar los menesteres mas viles: por eso para trepar se adopta la misma postura que para arrastrarse". Jonathan Swift.

lunes, 11 de octubre de 2010

Descanse en paz


Solomon Burke (1940-2010)

Descanse en paz

viernes, 1 de octubre de 2010

Un vistazo a la colección "Fuerzas de Élite"

Bloguzz me concedió la oportunidad de recibir los cinco primeros números de la colección de RBA "Fuerzas de élite" a condición de hacer aquí una reseña de los mismos. Una ventaja de ser blogger y, sin duda, un nuevo avance en el marketing referido a colecciones: cuya publicidad es tan habitual en televisiones y radios, como sabemos, con el comienzo del nuevo curso académico.

Para hablar de la colección "Fuerzas de élite" debemos ante todo hablar de calidad. Pues son muchas las colecciones que ofrecen productos de carácter divulgativo y, sin duda, no es el caso de esta. La colección se fundamenta en una serie de monografías sobre tropas de élite de la prestigiosísima Osprey Publishing. Una editorial que cualquiera que tenga gusto por la historia militar simplemente no puede desconocer. Las monografías de dicha editorial van de lo general a lo particular, con publicaciones de mayor o menor extensión, desde el comienzo de los tiempos documentados a los conflictos militares de la actualidad. Y semejante cobertura la alcanzan mediante el concurso de muchos y prestigiosos historiadores que ponen su pluma al servicio de las más apasionantes, y exhaustivas, historias. En dicha editorial hay "series" en las que o bien se tratan conflictos bélicos en particular, o los pormenores de una batalla en concreto o a las unidades de combate de tal o cual ejército. Este último caso es el de la colección de RBA "Fuerzas de élite".

Los cinco números que me fueron facilitados versan sobre: la Legión Española, los Marines norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial, los francotiradores, la Legión Cóndor y las S.S alemanas. Cada uno de ellos se basan en el trabajo de diferentes historiadores; una circunstancia que hace variar el enfoque que se le da a cada uno de ellos. Sin embargo, a todos es común una enorme cantidad de detalles y anécdotas desmitificadoras sumamente gratas para quienes ya hayan leído materiales más divulgativos. Aunque, eso sí, el nivel de detalle no está, en general, reñido con el interés. Un interés que se ve reforzado por el amplio abanico de fotografías e ilustraciones que pueblan todos y cada uno de los títulos que he podido leer.

A diferencia de otras colecciones, la de "Fuerzas de élite" no se basa en un producto que se ve acompañado de un añadido en forma de pequeña monografía. En este caso el producto es la monografía en cuestión. Esto lo hace un producto, como he sugerido antes, especialmente atractivo para quienes estamos interesados en la historia en general: sin necesidad de ser grandes aficionados a la historia militar específicamente. Máxime cuando no es habitual, generalmente, encontrar los títulos de Osprey en las librerías generalistas en España. Porque no somos pocos quienes conocemos las obras de Osprey exclusivamente en inglés. Ahora tenemos a nuestra disposición, gracias a RBA, una forma directa y simple de encontrar estas maravillosas monografías.

Por otra parte, el principal problema que podemos encontrar con los libros de Osprey en esta colección de "Fuerzas de élite" es que nos veamos abrumados por las secciones dedicadas a uniformes y armamento o, más especialmente, con el engorroso sistema de láminas incluído. Engorroso, digo, porque encontrándose las láminas en la mitad de la obra debemos ir hacia el final de la misma para encontrar los comentarios a las mismas. Sea como fuere la mecánica que yo recomiendo es dejar las láminas para el final tras leer el cuerpo de la monografía siguiendo el hilo principal.

La monografía, de las cinco a las que amablemente Bloguzz me ha dado acceso, que más me gustó es la referida a los Marines de la Segunda Guerra Mundial. La razón es la forma en que se nos muestra la vida dentro del USMC: a través del testimonio "novelado" de un miembro de la cuarta división de marines desde su reclutamiento e instrucción a su traslado y combate en el campo de operaciones del Pacífico. En esta monografía se conocen algunos detalles muy interesantes sobre las condiciones del servicio en los Marines y, en general, en cualquier cuerpo armado durante la Segunda Guerra Mundial. Un ejemplo: los contenedores de lanzallamas, pese a lo que se muestra en el cine, rara vez explosionaban al ser impactados por balas. Resulta también singular la enemistad este-oeste, al parecer ya tradicional, entre los Marines instruidos en California (Camp Pendleton) o en Carolina del Norte (Camp Lejeune).


Otra que me gustó mucho es la monografía dedicada a los francotiradores. Es también muy detallada y cubre las evoluciones de la óptica y los fusiles de precisión desde la guerra de independencia norteamericana a la actualidad. Se narran muchas anécdotas sobre algunos francotiradores, y su tenacidad, así como se ponen en duda algunos tópicos sobre el oficio bastante extendidos. Tópicos como que los francotiradores se apostaban en posiciones elevadas "obvias" como un campanario (especialmente brillante, en esta entrega de la colección, una lámina sobre un "pueblo tipo" de la Francia de 1944 y las localizaciones óptimas de un francotirador) o que son un oficio para buenos tiradores. En realidad,  para el oficio de francotirador son más aptos quienes tienen capacidad para el acecho y la caza mucho antes que quienes tengan buena puntería. En la monografía, además, se hace una crítica al tratamiento oficial que han recibido los francotiradores, tradicionalmente, en los ejércitos: pues rara vez se han establecido unidades estables, e independientes, de francotiradores. Este ejemplar de la colección "Fuerzas de Élite" termina afirmando, rotundo: "en el campo de batalla del futuro no será posible esconderse de un francotirador".

Por otra parte, otro ejemplar muy notable es el dedicado a la Legión Condor. Muy notable, además, por la circunstancia de que los archivos del ejército alemán referidos a esta célebre unidad fueron destruídos por un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial. De ahí que el monográfico en cuestión sea especialmente valioso: pues establece teorías razonables acerca de la uniformidad y equipos a través del análisis de los documentos fotográficos disponibles sobre la unidad. Curioso el detalle de que los soldados alemanes que sirvieron como voluntarios en el bando nacional durante la guerra civil recibían en dicho ejército el grado inmediatamente superior al que ostentaban en el alemán.

Después se deben mencionar las monografías dedicadas a las S.S nazis o la Legión Española. El de la Legión muestra una buena, y pormenorizada, narración cronológica de la guerra del Rif y del enormemente valioso papel que la recién surgida Legión tuvo. Se añade también una reseña menor sobre su papel durante la guerra civil y los papeles que ha ido adoptando en los últimos tiempos. Sin embargo, de nuevo, llaman la atención las curiosas anécdotas que se mencionan. Por ejemplo: los correajes iniciales que llevaron los soldados de las primeras banderas de la Legión fueron adquiridos a los británicos en Gibraltar. La monografía dedicada a las S.S alemanas, por su parte, si bien mantiene el tono de corrección y calidad del resto de los ejemplares tiene un problema de planteamiento que lo hace un poco más incómodo de leer. Porque si bien todos los ejemplares de "Fuerzas de Élite" analizados tenían una generosa sección para analizar armas, uniformes y equipos en este dedicado a las S.S aparece directamente al principio y eso hace difícil "hincarle el diente". Sin embargo, como decía, el cuidado y detalle de los contenidos es marca Osprey: imposible de rechazar.

A los que os interese, y los que podáis, os recomiendo encarecidamente que os hagáis con las monografías que vayan saliendo. Cada ejemplar es un tesoro que vale tan solo 9,95 €. Alrededor de 70 páginas cada uno. Es de RBA, es de Osprey: horas y horas de lectura de calidad garantizada para amantes de la historia. Aprovecho para dar las gracias a Bloguzz por darme la oportunidad de leer y comentar esta interesantísima colección.



"Se puede quitar a un general su ejército, pero no a un hombre su voluntad." Confucio



viernes, 24 de septiembre de 2010

Con la muerte en los talones


"A veces la verdad es amarga como la hiel"


Con la muerte en los talones, cuyo título original es North by Northwest (1959) es sin duda una de las películas más laureadas por público y crítica de Alfred Hitchcock. En realidad esta película tiene varios puntos fuertes; el primero evidentemente es el guión de Ernest Lehman, ya que los diálogos son frescos (y con los años no han perdido un ápice de dinamismo), con momentos de humor y sobre todo con mucho contenido (incluso introduciendo pequeñas puñaladas al antiguo productor de Alfred Hitchcock; ya que en el momento en que Eve (Eva Maria Saint) y Roger (Cary Grant) se encuentran en el tren y este saca una caja de cerillas con las inciales de su nombre, ella le pregunta “¿qué significa la “O” de las iniciales de la caja de cerillas? , y el responde que “Nada” haciendo clara referencia al apellido de su antiguo colaborador. Al menos esto es lo que cuentan las malas lenguas sobre este momento del diálogo, que a priori parece descontextualizado al ver la película).

En segundo lugar el reparto de actores con Cary Grant por supuesto, pero destacando y brillando con luz propia como de costumbre Eva Maria Saint, que da vida perfectamente a un personaje tan dual como el de Eve.

En tercer lugar destacar lo perfectamente hilvanado que está el argumento, en el que los personajes ficticios toman vida, y los reales se difuminan en esa vorágine de mentiras “arriesgadas” donde la verdad se encuentra escondida en los más recóndito de algún despacho de la CIA.

Y por último la fotografía de Robert Burks del que recuerdo el gran trabajo realizado en Extraños en un Tren, otra gran película a recomendar.

Con la muerte en los talones, al contrario que otras películas de suspense de Alfred Hitchcock tiene un componente humorístico indudable aunque no por ello pierde su carácter sombrío, lo cual hace de esta película una verdadera joya. Aunque bien es cierto, que tiene detalles de total inocencia y poco creíbles, pero que son perdonables y casi pasan desapercibidos en la montaña rusa de emociones que supone esta película. La intriga nos sumerge y nos embauca fácilmente. Es intrigante, emocionante y con una gran puesta en escena, por no hablar de las grandes interpretaciones de los dos actores protagonistas.

El argumento es sencillo ya que se trata simplemente de un ejecutivo del mundo de la publicidad, Roger O. Thornhill, que es confundido a causa de un malentendido con un agente del gobierno llamado George Kaplan por una organización de espionaje. Secuestrado por tres individuos y llevado a una mansión en la que es interrogado, consigue huir antes de que le maten. Cuando al día siguiente regresa acompañado de la policía, no hay rastro de las personas que había descrito, y es tomado por borracho y loco.

Así que si alguno de los que frecuentemente visitan este blog tiene una tarde de aburrimiento le recomiendo que le de una oportunidad a esta película que si bien peca de inocencia en algunos aspectos, rara vez puede dejar indiferente.


lunes, 13 de septiembre de 2010

Rebelión a Bordo

Mucho se ha escrito sobre la película "Rebelión a bordo" de Lewis Milestone. Curiosamente la crítica no duda en minusvalorarla. La condenan ya sea en base a los problemas de rodaje y cambios de dirección creados y provocados por Marlon Brando o en base a ñoñerías nostálgicas: tan propias del gremio de los críticos de cine. Sea como fuere, bajo mi punto de vista la "Rebelión a bordo" de 1962 es la mejor de las tres adaptaciones que, hasta la fecha, se han realizado de la historia de la travesía del HMAV Bounty.

Aún es objeto de discusión qué ocurrió en la Bounty y cuál fue la razón por la que Fletcher Christian se amotinó contra su amigo y capitán el teniente de navío William Bligh. Sea la causa la brutalidad o ruindad de Bligh o la lujuria de Christian y los suyos, lo que resulta claro es que se trata de una aventura notable. Una aventura tan notable que ha sido objeto de tres grandes producciones.

La razón por la que prefiero la versión que tiene por protagonistas a Marlon Brando (Christian) y Trevor Howard (Bligh) es la más trascendente de todas. La historia que en ella se cuenta no aspira a otra cosa que representar una contienda moral entre el bien y el mal. Una lucha maniquea entre un bien y un mal que se muestran en franca relatividad. Una lucha entre un Bligh, hecho a sí mismo, obsesionado con el deber y la disciplina y un Christian, aristocrático, embriagado de amor propio. La pugna entre ambos es la pugna entre dos formas de mal que, según las apariencias, comportan la lucha por un bien. Y este es el objeto fundamental de la película.

En la versión de Milestone todo se subordina a la contienda moral entre la tiranía y la libertad. Es por esto que en muchos aspectos se trata de la versión menos fiel a la auténtica historia de la Bounty. Sin embargo la propia idea que la gente tuvo siempre respecto a la Bounty fue esa: Bligh era un malvado que llevó al extremo a su tripulación y ésta se amotinó. Es posible que no sea cierta, pero no es menos cierto que Bligh, quien llegó a vicealmirante, tuvo a lo largo de su vida que enfrentarse a más motines entre sus hombres. Una interesante correlación. Sin embargo el Bligh de la versión de Milenstone es una caricatura, igual que Christian. Porque en la Bounty sólo murieron dos tripulantes bajo el mando de Bligh y ninguno de ellos por causa de sus órdenes: por un lado murió el médico, alcoholizado, y por otro un hombre que contrajo fiebres. Lo cual significa que es falso que Bligh ejecutase a alguno de sus hombres. Ni siquiera parece cierto que Bligh repartiese latigazos con fruición entre la tripulación, como mantiene la película. No, no hay una precisión histórica. Dicha precisión se alcanza, más o menos, en el film de 1.984 de Roger Donaldson, pero eso no interesa. Lo interesante es la aventura y no desmitificarla. Tampoco resiste la comparación, por su evidente  moralina, la versión de 1.935. Porque sostener que la versión de Frank Lloyd es mejor que la de Milenstone es el típico caso en que la naftalina es confundida con el oro. Pues aún aceptando la inocencia del cine de por entonces la película descansa exclusivamente sobre los hombros de Charles Laughton. Un Charles Laughton que interpreta mejor que nadie a Bligh porque él mismo era una suerte de Bligh en la vida real: un reprimido que disfrutaba insultando y humillando a quienes le rodeaban.

La interpretación que Marlon Brando hace de Christian es simplemente genial. El grado de arrogancia y presunción de que dota al personaje hace de él algo inolvidable. Tanto, de hecho, que importa de nuevo muy poco que el personaje sea una caricatura, un epónimo alejado de la realidad histórica a la que se acercaban mucho más Clark Gable o Mel Gibson en sus versiones. Su oposición a Bligh es inmediata, racial: él interpreta a un hombre de elevada cuna que se une a la expedición de la Bounty casi como quien se va de crucero o, en palabras del personaje, como fruto de "un proceso de eliminación". Bligh, sin embargo, es un hombre salido de la marinería, un hombre de mar con semejante sentido del deber que sólo aspira a que sus hombres le teman "más que a una muerte instantánea"

El almirantazgo pide llevar el árbol del pan de la muy lejana isla de Tahití hasta la no menos lejana isla de Jamaica. Christian se pregunta inmediatamente si importa mucho llevar "unos matojos" a Jamaica, Bligh sin embargo no duda: la misión está por encima de cualquier otra consideración. De ahí que intente forzar la ruta del Cabo de Hornos, sin éxito, y finalmente se desahogue del fracaso exigiendo un rendimiento extremo a sus marineros: algo que consigue administrando severos castigos y reducciones en las raciones. Christian considera todo eso un exceso pero no le perturba en tanto la sangre no salpique su uniforme. A raíz de esto vendrá el motín: Christian se rebela sólo cuando Bligh, reprobando una insubordinación de Christian, termina propinándole una patada. Y es en este momento del motín en que el guión del filme llega a cotas elevadísimas. Bligh, impasible, desprecia la rebeldía de Christian mientras éste se debate entre la idea de lincharle y la de, con toda tranquilidad y educación, apearle del buque dejándolo a la deriva en un bote. La escena del motín no es un trámite ni un momento caótico, es literatura en imágenes: cada línea de guión, oro puro.

Muchos tripulantes respiran con alivio tras abandonar a Bligh a la deriva, sólo se lamentan por no haberle matado. Christian, aristócrata, tenía una posición que con su rebeldía ha perdido para siempre y se siente perdido. Al emprender la búsqueda de un refugio al frente de sus piráticos camaradas él es el único en mostrarse apenado. Los marineros, inconscientes, se sienten alegres de perder de vista la disciplina y humillaciones de Bligh y hablan de libertad. Christian sin embargo sabe que ahora están libres de Bligh pero no de la venganza que desatará. Así, Christian se lamenta: "hice lo que hice porque me lo dictaba el honor y ese pensamiento me consuela". No quería el bien de nadie, no quería justicia para la marinería, que concebía como una curiosidad transgresora, sino que se rebeló exclusivamente contra un inferior social que le faltaba al respeto: Bligh. Un curioso revolucionario que, en cuanto tal, no tendría un fin distinto del de tantos otros: muerto por causa de sus camaradas más radicales. Unos camaradas que, como el propio Christian, dejaron su huella.

"Rebelión a bordo" constituye una severa crítica a un ser humano que está condenado a debatirse entre unas miserias y otras. Una realidad en la que, al modo de la fábula de Mandeville, el mal privado puede convertirse en un bien colectivo y, añado, viceversa. ¿Cuántas revoluciones se han librado en nombre de las más elevadas causas por los más bajos motivos?

Los caminos del hombre son inescrutables.

"Y dele usted las gracias al Diablo, que es quien le protege, de no haber logrado hacer de mi un asesino" Fletcher Christian.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Miedo


Que ninguno de vosotros piense que va a la guerra por una pequeñez si no anulamos el Decreto Megariense, cuya cancelación ellos nos ofrecen especialmente como forma de evitarla y no os reprochéis, más tarde, que habéis ido a combatir por algo insignificante. Porque esta pequeñez contiene la afirmación y la prueba de vuestra resolución. Si transigís ante ellos se os exigirá inmediatamente otro pago que será mayor, ya que habréis hecho vuestra primera concesión por temor.





Pericles (siglo V a.C) según Tucídides

domingo, 29 de agosto de 2010

La guerra, Kubrick y Tavernier

Hay muy poca gente que no haya visto u oído hablar de "Senderos de Gloria". Es un alegato antibélico, sí. Un alegato rotundo y, a la vez, bello. Las muertes de millares vienen determinadas por los caprichos o ambiciones de unos pocos. He ahí la clarificadora conclusión. Al final, tras una ofensiva fracasada, el general/político ha de encontrar culpables distintos de él mismo: los cobardes. Unos cobardes, además, que no son cobardes sino tres hombres escogidos por motivos de diferente orden: ninguno confesable. Cuando tales hombres son condenados Kubrick, con su genio, nos muestra su camino al lugar de su ejercución en lento, lentísimo, traveling. Cual si fuese un paso de la semana santa católica, los injustamente condenados son conducidos al lugar de su sacrificio. Entre ellos, alguno implora y pregunta por qué él y no quienes contemplan su ejercución. Al final, tras el redoble de tambores, tres hombres caen bajo las balas. Nadie es culpable, la vida continúa: la guerra continúa.

Sin embargo la visión de Kubrick acerca de la guerra es, en realidad, superficial. Kubrick contempla el absurdo de la guerra desde la posición en que es más fácil verlo: la paz. Y es en este terreno donde, por su parte, no falla Bertrand Tavernier. En "Capitán Conan", descubierta por mí casi por casualidad, se da la más desgarradora visión de la guerra que haya visto. Se observa el absurdo de la guerra no desde la paz sino desde la propia guerra. Un lugar en el que la diferencia entre el guerrero y el buen soldado no es pura semántica sino cruda, crudelísima, realidad. La guerra produce, incentiva y mejora a los peores entre los infames. Exige de ellos el valor que en la baja calaña es sinónimo de supervivencia. Y es en este contexto en el que los hijos del bienestar flaquean, unos, o se muestran valientes, otros. Sin embargo los ladrones, los homicidas y los sinvergüenzas dan lo que no les cuesta: valor. El protagonista, Conan, actúa como un autómata bajo el fuego enemigo y, ciertamente, le da exactamente igual el por qué de la lucha. Están los camaradas, el enemigo y entre ambos la guerra. Una lucha que no sirve para redimir sino, puramente, para existir.

La guerra siempre continúa, sobre todo para quien ha luchado y ha visto morir a sus camaradas. El problema es que las guerras acaban un día, a una hora, en un minuto. Y en ese mismo instante en que los sanguinarios, los valientes, pasan a convertirse en una pesada carga para quienes les liberaron. El valiente pasa a ser, de nuevo, el ladrón, el bárbaro y el homocida. Y los hombres del capitán Conan son eso y más. Ésos absolutos bárbaros no casan bien con una sociedad en paz y, en el contexto de la lucha por contener a los bolcheviques rusos tras 1918 serán de nuevo necesarios. Entre tanto se meten en mil y un líos en tanto el ejército aliado de Salónica se encuentra estacionado en Bucarest y Sofía. Los oficiales no se enteran de nada. Les sirve aplicar teóricamente un código militar aplicando mucho menos teóricas condenas. Un fraude. Un fraude de ejército que Conan no puede sino despreciar hasta lo criminal. Reclamado acerca de su conducta, y la de sus hombres, hacia las mujeres rumanas, responde: "Haber librado ellos su propia guerra si querían que no molestásemos a sus mujeres". Salvaje, hayándose preso por las consecuencias de alguna de sus correrías nocturnas, no duda en implorar a sus carceleros que le dejen, junto a los otros prisioneros, luchar contra los bolcheviques. En esa batalla, ganada con la sangre de los indisciplinados, los ladrones, los rebeldes y los asesinos, Conan acabará tan cubierto de gloria como de sangre enemiga. Y así, rabioso, se le verá cargar entre la maleza advirtiendo: "No te engañes compañero. Hay que seguir. ¡Venga compañeros! ¡Os destriparemos, carroña!". Después, fundido en negro y la realidad de la inevitable posguerra. Una posguerra en la que Conan, ya enfermo, se lamenta en su pueblo natal por no tener nadie con quien hablar. Ríanse todos de John Rambo.

Para los personajes como los sugeridos por Tavernier la guerra no es el mal sino la vida. La ausencia de guerra certifica su condena a la mediocridad y el aburrimiento. Algo tan chocante para cualquiera de nosotros como real. Hay algo en nosotros de salvaje y algo en nosotros que nos impulsa a la guerra. Sería demencial negarlo y sería trágico si lo liberásemos sin reservas. Sea de ello lo que fuere, haríamos bien en considerar a cada cosa como merece y no confundir guerra con búsqueda de la paz. Dejemos eso para la propaganda gruesa. La guerra no busca la paz sino la aniquilación del enemigo. Un objetivo que explica y garantiza el eterno retorno de la guerra. Y una vez en guerra... ¿qué importa quién sea el enemigo?




"Sólo los muertos ven el final de la guerra" Jorge Santayana.

jueves, 26 de agosto de 2010

Lecturas para el verano (I)



Aunque ya esta a punto de terminar el verano, todavía queda tiempo para disfrutar de una buena lectura. Mi recomendación en esta ocasión es LA PERLA (1947) del Premio Nobel de Literatura (1962), John Steinbeck. Para aquellos aficionados al cine les sonará este título puesto que esta novela además fue adaptada al cine por el director mexicano Emilio Fernández.

Se trata de un relato corto basado en una antigua leyenda mexicana, pero no por breve deja de ser intenso y profundo. Todo comienza cuando Coyotito, hijo de los protagonistas Kino y Juana sufre el ataque de un escorpión, y acuden para que sea curado a casa de un médico (que vive en el barrio rico de la ciudad) que por supuesto no les atiende por carecer de medios para pagar los servicios, a pesar de saber que si el niño no recibe ayuda, en breve morirá.


Kino no desiste y la fortuna (o infortunio) le hace encontrar una GRAN PERLA, la cual para él significa no sólo la salvación de Coyotito, sino una vida mejor para toda su familia. Pero en realidad esa perla lo único que conlleva son desgracias una tras otra. Este infortunio no es una especie de maldición sino que a raíz del hallazgo de Kino los sentimientos de los otros como la envidia y la ambición, se encargan de convertir la suerte en desgracia para la familia.

Al margen de esta historia, el autor aporta pinceladas del entorno, la pobreza brutal, las dificultades de los pobres (en este caso indigenas) de superar esa situación paupérrima, la corrupción de la política, el ambiente de violencia en el que vive la comunidad a la que pertenecen los protagonistas, por no hablar de las diferencias sociales, y del trato humillante al que se ven expuestos esta gente pobre y humilde.

No se trata de una obra buenista de los pobres ni mucho menos, ni se trata tampoco de una crítica hacia los ricos (ya que estos últimos aparecen solamente a lo lejos como ajenos al resto del mundo que hay a unos pocos metros de sus lujosas casas). Se trata de un retrato sencillo y realista de un mundo al que a menudo somos ajenos, pero además es un espejo del alma humana, puesto que aparecen reflejadas tanto las más bajas pasiones del hombre, como los sentimientos más nobles, como el amor. Se tratra de un lucha desigual por la supervivencia que John Steinbeck sabe reflejar no buscando la moralina ni la ñoñeria boba, sino con una prosa sencilla y delicada que hace de esta novela una verdadera joya literaria.

"Toda clase de gente empezó a interesarse por Kino —gente con cosas que vender y gente con favores que pedir—. Kino había encontrado la Perla del Mundo. La esencia de la perla se combinó con la esencia de los hombres y de la reacción precipitó un curioso residuo oscuro. Todo el mundo se sintió íntimamente ligado a la perla de Kino, y ésta entró a formar parte de los sueños, las especulaciones, los proyectos, los planes, los frutos, los deseos, las necesidades, las pasiones y los vicios de todos y de cada uno, y sólo una persona quedó al margen: Kino, con lo cual se convirtió en el enemigo común. " (La perla, 1947)


viernes, 6 de agosto de 2010

CINE PARA VER EN VERANO (II)


"No puedo enfrentarme al mundo por la mañana. Tengo que tomar un café antes de poder soltar palabra". (Tio Charlie)

Para aquellos menos inclinados por la películas de carácter histórico, otra propuesta para superar esas tardes de lluvioso verano o noches calurosas de insomnio, es LA SOMBRA DE UNA DUDA (Shadow of a Doubt, 1943).

Su director Alfred Hitchcock, preguntado por François Truffaut afirmó que esta era una de sus películas favoritas. De hecho está considerada como uno de los clásicos del cine negro y por supuesto una de las mejores de su etapa americana siendo sin embargo la de mayor sobriedad. Fue nominada al Oscar al mejor argumento encargado a Gordon McDonnell, pero finalmente el galardón fue concedido a The Human Comedy de William Saroyan.

La Sombra de una Duda constituye una de las piezas más simbólicas de esta director puesto que insiste en el engaño de las apariencias, de ahí que enmarque esta película en un tranquilo barrio residencial de Santa Rosa (California) que está corrompido por el asesinato y el engaño. De igual modo ocurre con el protagonista principal el tío Charlie (interpretado por Joseph Cotten de forma magistral)que tras esa falsa apariencia de “persona de bien” esconde un alma infectada por el odio hacia los demás. El mal que contrasta con el bien encarnado por Teresa Wright (Charlie, llamada así en honor a su tío) . Uno encarna el alma despiadada la otra la inocencia y la bondad.

El hilo argumental de la película se puede resumir en la sorprendente visita del tío Charlie a Santa Rosa, ya que su hermana se encuentra gravemente enferma. Charlie (Teresa Wright) pronto sospecha que su venerado tío esconde algo, que poco a poco va tomando forma en una descubrimiento brutal, su tío en realidad es un asesino en serie “El asesino de la viuda alegre”. Todo comienza con pruebas circunstanciales hasta que finalmente acaba descubriendo la fatal realidad. Una vez que su tío Charlie descubre que su sobrina sabe quien es , comienza un sabotaje contra su sobrina con el fin de no dejar ningún cabo suelto.

Alfred Hitchcock en esta película hace una profunda reflexión sobre el mundo de las apariencias, sobre la falsedad del mundo burgués, y sobre todo de la oscuridad y la maldad que se puede esconder en lo más profundo del alma de un hombre común. El asesino puede estar entre nosotros.

martes, 27 de julio de 2010

Películas para ver en verano: Cromwell

Hoy voy a recomendaros "Cromwell" (1970). Pocas veces una hagiografía tuvo un mayor sentido de la aventura. Una hagiografía que en favor de engrandecer a Cromwell le atribuye los éxitos de Sir Thomas Fairfax: auténtico líder del ejército parlamentario durante las guerras civiles inglesas. De hecho, en esta película a Fairfax se le muestra como a un diletante y un traidor. Pero a la vista de la actuación de Richard Harris todo se perdona.

La película tiene su fuerte no sólo en la actuación de Richard Harris sino en un excepcional Alec Guiness. Mientras Harris interpreta al fanático y heroico Cromwell Guiness da vida al altivo pero pusiálime rey de Inglaterra Carlos Estuardo. A lo largo de la película hay varios momentos clave de esos en que la grandeza puede sentirse, puede palparse. Primero, Cromwell rechazando una orden de arresto por parte del rey en el asalto de éste al Parlamento. Luego, en la decisiva batalla de Naseby (una de las batallas que se representan: junto la derrota inicial de los parlamentarios en Edge Hill) cuando Cromwell descubre que se ha de enfrentar al enemigo en inferioridad (otra de las incorrecciones, deliberadas, históricas de la película puesto que en Naseby eran los realistas los que estaban en inferioridad). Y al final de la película cuando Cromwell rechaza ser coronado rey y comprende que para reformar el país será necesario imponer la dictadura.

Cromwell es una película entretenida porque se concentra exclusivamente en la figura del propio Cromwell, sin digresiones. Esto hace de la película una mala representación de la realidad pero un buen relato. Así, por ejemplo, no se pierde en temáticas colaterales. Temáticas que en pro del realismo suelen retirar cualquier interés a las historias y motivaciones de los personajes. Sucedió con "Matar a un rey" (2003) y con "The Devil's Whore" (2008). 

En "Matar a un rey" se muestra la relación de poder auténtica en el parlamentarismo inglés de la revolución inglesa: con Fairfax siendo el gran general y Cromwell un intrigante segundo al mando. Sin embargo la película, que tuvo problemas de producción y se nota en su precipitadísimo final, cae en el pecado capital de combinar la pretensión de realismo con dar una visión actual de hechos del pasado. De tal modo, representa a Cromwell más como a un matón de las SS que como a un exaltado religioso y a Fairfax como una suerte de demócrata sin tacha en lugar del aristócrata reformista que era. Además la película coquetea de forma demasiado evidente con la idea de presentar a Cromwell como un homosexual reprimido enamorado de Fairfax, algo completamente sin base. La actuación de Rupert Everett como Carlos Estuardo se antoja ridícula en comparación con la de Sir Alec Guinness.

En la más reciente miniserie "The Devil's Whore" se cae en el mismo error de representar hechos del pasado con los ojos del presente. De hecho se cae en ese error de una manera extrema. Para ello se centra fundamentalmente en los extrarradios extremistas de la revolución inglesa: las sectas milenaristas y los comunistas "levelers" o "niveladores". De nuevo Cromwell (interpretado en esta ocasión por Dominic West, nuestro conocido "McNulty") aparece como intrigante sin escrúpulos y sin una particular vocación religiosa. El conjunto de situaciones y personajes no tienen mucho interés y el personaje de Carlos Estuardo está pésimamente representado.

En conclusión: recomiendo encarecidamente "Cromwell" interpretado por Richard Harris. En ella se da una cumplida representación del fanatismo religioso y la lucha por la democracia que en ese personaje se concitaron. Y más vale representar bien al hombre, aún con grandes concesiones al realismo histórico, que conformar un cuadro realista sin ningún claro objetivo más allá de la "denuncia" en clave posmoderna de guerras, costumbres y personajes relevantes.


"Mantened vuestra fe en Dios y mantened seca la pólvora" Oliver Cromwell.


lunes, 26 de julio de 2010

martes, 20 de julio de 2010

Sucedió una noche...


FICHA TÉCNICA:

Productora: Columbia Pictures.
Dirección: Frank Capra.
Producción: Frank Capra, Harry Cohn.
Guión: Robert Riskin (Sobre el relato Night Bus de Samuel Hopkins Adams).
Fotografía: Joseph Walker.
Música: Howard Jackson, Louis Silvers, Ann Ronell, Frank Churchil, Alfred Lee y George Leybourne.
Intérpretes: Clark Gable, Claudette Colbert, Walter Conolly, Roscoe Karns, Jameson Thomas, Alan Hale, Arthur Hoyt, Blanche Frederici, Charles C. Wilson.
Premios: Ganadora de Cinco Oscar, Mejor Película, Mejor director, mejor guión, mejor actor y mejor actriz. Festival de Venecia; nominación de Frank Capra (Copa Mussolini).
Estreno en Estados Unidos: enero de 1934.
Estreno en España: Repuesta con doblaje en 1970.

Sucedió una noche, en la ceremonia anual de la entrega de los Oscar de 1935, hizo lo que se conoce en el mundo del espectáculo como el grand slam: ya que acaparó, nunca había ocurrido antes en la historia de los galardones, cinco premios. Los méritos de esta película no se reducen sólo a las estatuillas, sino que ha resultado también ser uno de los grandes clásicos de la comedia. De hecho abrió las puertas a todo el subgénero que dio en llamarse screwball comedy, esa comedia romántica tan típicamente norteamericana que pobló las pantallas de medio mundo durante los años treinta y cuarenta, pero muy por debajo de Sucedió una noche, tanto por el guión como por los actores protagonistas. Esta película representa de forma modélica la obra de un director de la talla de Capra, figura decisiva dentro de la historia de Hollywood.


Pero si algo hay que destacar de este filme (quitando al Clark Gable, por el que siento una inevitable debilidad), es el guión, sin duda mordaz, brillante e ingenioso, llegando en momentos a ser verdaderamente desternillante. Para los críticos es uno de los elementos decisivos en su éxito; este guión se consiera toda una obra maestra y muestra del talento de Robert Riskin.

- ¿LA QUIERE?
- ¡UN SER HUMANO NORMAL NO PODRÍA VIVIR BAJO SU MISMO TECHO SIN VOLVERSE CHIFLADO! ELLA REPRESENTA MI IDEA DE LA NADA.
- LE HE HECHO UNA PREGUNTA MUY SENCILLA, ¿LA QUIERE?
- ¡SÍ! PERO NO ME LO TENGA DEMASIADO EN CUENTA. ES QUE YO TAMBIÉN ESTOY UN POQUITO CHIFLADO.
- ______________________________________________________________
- ¿QUIÉN ES USTED?
- QUIÉN YO? SOY LA LECHUZA QUE CANTA EN LA NOCHE, LA SUAVE BRISA DE LA MAÑANA QUE ACARICIA SU PRECIOSA CARA….
- PERO TENDRÁ UN NOMBRE, ¿NO?
- SÍ LO TENGO, PETER WARNE.
- PETER WARNE, NO ME GUSTA.
- BUENO NO SE LO TOME TAN A PECHO. MAÑANA POR LA MAÑANA ME LO DEVUELVE Y EN PAZ.
- ENCANTADA DE CONOCERLE, SEÑOR WARNE.
- EL PLACER ES MÍO, SEÑORA WARNE.

Sucedió una noche, de Frank Capra es magia cinematográfica. Esto tiene algo que ver con la forma en que evoca todo un entorno: unos “Estados Unidos” del pueblo, lleno de pillos raros y ciudadanos de buen corazón, siempre dispuestos a compartir un relato y una canción , o exhibir sus entrañables excentricidades.


Capra era experto en tejer de forma inteligente una historia empleando elementos cotidianos, conocidos: comer, vulgarismos verbales, roncar, lavarse, desnudarse….Fiel a la fórmula de las comedias románticas, las identidades se disuelven cuando un personaje necesita hacerse pasar por otro o se aprovechan en busca de diversión secreta, aunque siempre Peter y Ellie fingen ser marido y mujer, se sugieren posibilidades y destinos más serios.


Sucedió una noche, es una predecesora lejana de las comedias “basura” de hoy como por ejemplo, las de los hermanos Farrelly. Abundan los chistes relativos al trasero; las pretensiones y los privilegios de los ricos son objeto de burlas inmisericordes; las famosas piernas de Colbert detienen el tráfico. Y hay también tensión sexual : toda la película, que sigue las cuatro noches de Peter y Ellie pasan juntos, depende del simbolismo de “las murallas de Jericó” que acaban por derrumbarse: la supresión de la manta que es la barrera que impide que la pareja lleguen a la consumación del creciente amor de la pareja.


Los críticos no pueden extasiarse ante las habilidades de Capra para el montaje o la puesta en escena; el estilo era algo convencional y funcional para él. Pero lo que si tenía era un sentido implacable del guión y una gran compenetración con sus carismáticos actores. Gable y Colbert contribuyen verdaderamente a que este enfrentamiento entre los sexos termine en empate, diluyendo la ideológica tendencia del guión a sugerir que los tipos del proletariado deberían enseñarles unas cuantas cosas sobre la vida real a las chicas mimadas. En la contagiosa interacción de estas estrellas encontramos un ideal que se ha perdido por completo en el cine contemporáneo ; la reciprocidad combativa entre los sexos.


miércoles, 14 de julio de 2010

Carta de Oscar Wilde para Robert Ross

Cárcel de Reading

"La vida, que tanto he amado -demasiado- me ha despedazado como un tigre, así que cuando vengas a verme comprobarás la desastrosa ruina en que se ha convertido lo que en otro tiempo fue maravilloso y brillante y terriblemente improbable" (Oscar Wilde)


Extracto de la carta de Oscar Wilde a su amigo Robert Ross desde la Cárcel de Reading en noviembre de 1986. En ella habla entre otras cosas sobre su tormentosa relación con Lord Alfred Douglas a quien va dedicado lo que para muchos es su testamento literario DE PROFUNDIS:

"[...] Hay una espina con todo- tan dolorosa como la de san Pablo, aunque distinta-, que tengo que sacarme de la carne en esta carta. Ha sido provocada por un mensaje que escribiste en un trozo de papel para que yo lo viera. Creo que si guardara el secreto crecería en mi cabeza (como las alimañas crecen en la oscuridad) y se harían un sitio entre los pensamientos terribles que me corroen...ya que el pensamiento no es, para quienes esperan solos, encadenados y en el silencio, “esa cosa viviente y atada”, como Platón imaginó, sino una cosa muerta que cría algo horrible, como el lodo que muestra monstruos a la luna.

Me refiero por supuesto, a lo que dijiste sobre perder las simpatías de otros, o el riesgo de que eso suceda, por culpa de la profunda amargura de los sentimientos que expresé a lord Alfred Douglas* [...]Con pocas excepciones, la simpatía de los demás me afecta; su pérdida muy poco. Ningún hombre en mi posición puede caer en la ciénaga de la vida sin que sus inferiores sientan gran piedad; y sé que si las obras duran demasiado, los espectadores se cansan, Mi tragedia ha durado demasiado: su clímax ha terminado: su final es mezquino; y tengo la seguridad de que cuando llegue de verdad el final retornaré a un mundo que no me quiere, como visitante no deseado; un revenant, como lo llaman en francés, como una persona con el rostro gris tras un largo encierro, y contorsionado por el dolor. Por horribles que sean los muertos cuando salen de sus tumbas, los vivos que salen de tumbas son aún más horribles.

De esto soy muy consciente. Cuando uno ha estado en una celda de prisión durante dieciocho meses, ve las cosas y la gente como son en realidad. Y verlo le convierte a uno en piedra. No creas que le culparía a él de mis vicios *. Él tuvo tan poco que ver con eso como yo con los suyos. La naturaleza fue en este tema madrasta para ambos. Le culpo por no apreciar al hombre al que arruinó. Un millonario analfabeto le habría sido más conveniente. Mientras mi mesa estuviera roja de vino y rosas, ¿qué le importaba? Mi genio, mi vida como artista, mi trabajo y la tranquilidad que necesitaba para ello, no eran nada para él cuando se comparaban con su gusto, incontenido y bajo, por una vida de derroche y vulgaridad; su avaricia, sus escenas violentas y continuas; su egoísmo sin imaginación. Una y otra vez intenté, durante aquellos dos fatigosos años perdidos escapar, pero siempre me retuvo con él, sobre todo con amenazas de causarse daño. Pero cuando su padre vio en mí un modo de irritar a su hijo, y el hijo vio en mí la oportunidad de llevar a su padre a la ruina, y yo quedé entre dos personas deseosas de insana notoriedad, a quienes nada importaba , salvo su propio odio mutuo, cada uno empujándome por su parte, uno con tarjetas públicas y amenazas, el otro con escenas privada, o mejor dicho, semipúblicas y amenazas en cartas, pullas, comentarios sarcásticos...admito que perdí la cabeza. Le dejé hacer todo lo que le pareció. Estaba ciego, era incapaz de juicio. Di un paso fatal. Y ahora...aquí estoy en un banco de mi celda en prisión. En toda tragedia hay un elemento grotesco. Él es el elemento grotesco de la mía. No pienses que no reconozco mi culpa. Me maldigo día y noche por consentirle que dominase mi vida. Si estas paredes tuvieran eco, se oiría en ella gritar “IDIOTA” eternamente. Estoy totalmente avergonzado de mi amistad con él. Pues a los hombres se les puede juzgar por sus amistades. Es una de las pruebas que define a un hombre. Y mi vergonzosa degradación me parece más mortificante por mi amistad con Alfred Douglas..Pues como resultado de haberme dejado empujar a la trampa que me había tendido Queensberry (padre de Alfred Douglas) -la trampa en la que apostó públicamente en el Club Orleans que me haría caer- como resultado de eso, el padre pasará a la historia como uno de esos grandes padres de historias morales: el hijo como el niño Samuel: y yo en la más detestable ciénaga de Malebolge, entre Gilles de Retz y el Márques de Sade.

En ciertos lugares a nadie, excepto a quienes están realmente locos, se les permite reír, y de hecho, aún en este caso va contra el reglamento: de no ser por eso, me reiría de todo esto..Por lo demás, no permitas que Alfred Douglas imagine que le atribuyo motivos poco dignos. Lo cierto es que no ha tenido motivos en su vida. Los motivos son intelectuales. Lo que él tiene son pasiones. Y tales pasiones son Dioses Falsos que necesitan víctimas a cualquier precio, y en este caso han tenido una corona de laurel. Por su parte no puede sino sentir cierto remordimiento. Pero que él de verdad se dé cuenta de lo que ha hecho sería una carga demasiado pesada que no podría soportar. Pero a veces debe de pensar en ello. Así que en tu carta cuéntame cómo vive, cuáles son sus ocupaciones, su modo de vida[....].

Háblame del mundo de sombras que tanto amé. Y de su vida y su alma háblame también. Siento curiosidad por quien me envenenó, y en mi dolor hay piedad.

ÓSCAR."

Extraída de Oscar Wilde. Una vida en cartas (20003)

domingo, 11 de julio de 2010

¡España en marcha!




Nosotros somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.

Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.

De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.

¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

No reniego de mi origen
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.

Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.

Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.

No quiero justificarte
como haría un leguleyo,
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.

España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo. 

martes, 6 de julio de 2010

Alfred Joseph Hitchcock. Vértigo



Esta película es una adaptación de Alec Coppel y Samuel Taylor de la novela de origen francés "De entre los muertos". Protagonizada por James Stewart y Kim Novak es la segunda película de Hitchcock en su etapa americana, y convierte la novela original en un thriller psicológico donde se mezclan las pasiones, lo sobrenatural y el crimen de una forma maestra.

jueves, 24 de junio de 2010

''La felicidad no es otra cosa que estar en paz consigo mismo''


"Aprendí que la muerte es una necesidad, hay que aceptarla"

No quería dejar pasar más tiempo, sin expresar mi más hondo pesar por el fallecimiento de José Saramago. Sin duda una pérdida para el mundo de las letras, pero también para los "sin voz". Os dejo aquí algunos fragmentos de sus obras más significativas. De nuevo Gracias D. José....


"Es una vieja costumbre de la humanidad ésa de pasar al lado de los muertos y no verlos"


"Corrían en vano. Uno tras otro se fueron todos quedando ciegos, con los ojos de repente ahogados en la hedionda marea blanca que inundaba los corredores, las salas, el espacio entero. Fuera, en el zaguán, en el cercado, se arrastraban los ciegos desamparados, doloridos por los golpes unos, pisoteados otros, eran sobre todo los ancianos, las mujeres y los niños de siempre, seres en general aún o ya con pocas defensas, milagro que no resultaran de este trance muchos más muertos por enterrar. " (Ensayo sobre la ceguera)


" Desesperado, con los nervios deshechos, a punto de llorar, don José fue donde le mandaron. Durante los pocos minutos que había durado la difícil conversación con el Jefe, el trabajo se había acumulado en su mesa, como si los otros escribientes, sus colegas, aprovechándose de la deteriorada situación disciplinaria en que lo veían, quisieran, por propia cuenta, castigarlo también. Además, unas cuantas personas esperaban su turno para ser atendidas. Todas estaban frente a él, y no era por casualidad, o porque pensaran, cuando entraron en la Conservaduría General, que el funcionario ausente quizá fuese más simpático y acogedor que los que estaban a la vista a lo largo del mostrador, sino porque esos mismos indicaron que era allí adonde debían dirigirse. " (Todos los nombres)


"Había dado explicaciones que nadie le pidió, realizado comentarios para los que no estaba autorizado. Sin embargo, le tranquilizaba el hecho de que el hombre, aunque no parecía tener el físico adecuado, debería pertenecer, otra posibilidad no cabía, que se sepa, al grupo de los que fueron contratados para ayudar a tirar y empujar los carros de bueyes en los pasos difíciles, gente de pocas hablas y, en principio, de escasísima imaginación. En principio, dígase así, porque al hombre perdido en la niebla imaginación no parece haberle faltado, vista la ligereza con que sacó de la nada, de lo no acontecido, los voluntarios que deberían haber acudido a salvarlo." (El viaje de los elefantes)


" Autoritarias, paralizantes, circulares, a veces elípticas, las frases de efecto, también jocosamente llamadas pepitas de oro, son una plaga maligna de las peores que puedan asolar el mundo. Decimos a los confusos, Conócete a tí mismo, como si conocerse a uno mismo no fuese la quinta y más dificultosa operación de las aritméticas humanas, decimos a los abucólicos, Querer es poder, como si las realidades atroces del mundo no se divirtiesen invirtiendo todos los días la posición relativa de los verbos, decimos a los indecisos, Empezar por el principio, como si ese principio fuese la punta siempre visible de un hilo mal enrrollado del que basta tirar y seguir tirando asta llegar a la otra punta, la del final, y como si, entre la primera y la segunda, hubiésemos tenido en las manos un hilo liso y continuo del que no ha sido preciso deshacer nudos ni desenredar marañas, cosa imposible en la vida de los ovillos y, si otra frase de efecto es permitida, en los ovillos de la vida. Marta dijo al padre, Empecemos por el principio, y parecía que sólo faltaba que uno y otro se sentaran delante del tablero para modelar muñecos con unos dedos súbitamente ágiles y exactos...." (La caverna)


“Cuando el señor, también conocido como dios, se dio cuenta de que a adán y eva, perfectos en todo lo que se mostraba a la vista, no les salía ni una palabra de la boca ni emitían un simple sonido, por primario que fuera, no tuvo otro remedio que irritarse consigo mismo, ya que no había nadie más en el jardín del edén a quien responsabilizar de la gravísima falta…“. (Caín)

martes, 8 de junio de 2010

"Le escucho...."



He de reconocer que tengo una gran debilidad por esta serie, ya que es bastante raro encontrar un producto como este caracterizado por el humor inteligente, la clase, la calidad, originalidad y el buen gusto.

Y esto rápidamente fue reconocido por crítica y público, al menos en EEUU , ya que la serie durante sus once años de emisión recibió 37 Emmys , rompiendo el récord de The Mary Tyler Moore Show (1970–1977), ganadora de 29 Emmys. Kelsey Grammer y David Hyde Pierce ganaron en 2004, habiendo logrado en total 4 Emmys. También, desde 2004, tiene el récord de ganar 5 veces consecutivas el Emmy para la Mejor Serie de Comedia. En España, sin embargo fue una serie de reducido público emitida por Canal + los sábados por la tarde.

El primer episodio fue emitido en la NBC el 16 de septiembre de 1993 y el último fue en mayo de 2004, tras rodar nada más y nada menos que 11 temporadas las mismas que Cheers y no fue por mera coincidencia, sino más bien por empeño personal de Kelsey Grammer. Sin embargo, y aunque en 2004 seguía gozando de gran éxito de público y crítica, ciertos problemas entre ellos el alto coste que alcanzó la serie en su última temporada unos 75 millones de dólares, debido en gran parte al alto caché de Grammer que durante el 2004 que fue una de la estrellas televisivas mejor pagadas, llego a su fin en mayo de ese año.


Esta serie de televisión estadounidense está basada en uno de los personajes de la mítica serie Cheers donde Frasier Crane (encarnado por Kelsey Grammer) daba vida a un repipi, pomposo y snob psiquiatra que pasaba horas divagando en la barra de aquel local.

Sin embargo en Frasier, el Dr. Crane se ha trasladado a Seattle su ciudad natal, tras su desastroso matrimonio y decide emprender una nueva vida. Aunque resulta curioso que sólo uno de los capítulos de la serie se grabara en Seattle (DÍA DE FRASIER CRANE) los demás episodios fueron rodados en exteriores de Los Ángeles, en Stage 25 o Estudios de Paramount .

La serie tiene unos de polos argumentales casi fijos que son en donde reside gran parte de su gracia , entre ellos los que destacan son la búsqueda del romance perfecto por parte de Frasier, la relación competitiva- afectiva que mantienen los hermanos Crane, el personaje de Niles Crane y su personalidad extravagante-snob, la desordenada vida de Roz Doyle (Peri Gilpin) en contraposición con la snob y selecta vida de Frasier, la evolución de la relación con el gran Martin Crane, y el romance entre Niles Crane y la extravagante Daphne Moon. Además no debemos olvidarnos de la obsesión de Frasier ( y de su hermano Niles) por la fama y su exagerada pedantería que contrasta con la naturalidad y sencillez de su padre Martín (John Mahoney) y de Daphne Moon (Jane Leeves). Por no hablar del inquietante Eddie la mascota de Martin, que tiene una extraña fijación con Frasier desde el primer capítulo.

Y por supuesto el gran acierto de la serie es sin duda el reparto de actores es el caso de Kelsey Grammer que paso 20 años representando al doctor Crane, pero no cabe duda que David Hyde Pierce como el Dr. Niles Crane o John Mahoney como Martin Crane por no hablar de otros personajes secundarios conforman el complemento perfecto para formar un engranaje en el que todas las piezas encajan perfectamente para que el todo sea genial


Frasier: "Papá, Eddie no me deja leer el periódico, me está mirando."
Martin Crane: "Es que eres todo un espectáculo, no me extraña. Tu ignórale."
Frasier: "Eso intento."
Martin Crane: "Se lo he dicho al perro."


Frasier: "Siento llegar sin previo aviso. Sé lo molesto que es que se presente alguien en casa sin llamar primero."
Niles: "No te preocupes. Yo lo hago constantemente."
Frasier: "Por eso lo sé."


Niles lleva tiempo dándole beneficios falsos de la bolsa a Daphne y Frasier se lo recrimina diciéndole:
Frasier: " ¡Niles, dar dinero a una mujer para conseguir su afecto físico es hablar de la profesión más vieja del mundo! Claro que, en este caso, es una versión Disney."


Los diálogos son fluídos, los personajes redondos y el humor siempre busca la inteligencia del espectador escapando de las simplezas zafias que tanto abundan hoy sobre todo en el humor/comedia español (veáse el último truño de la factoría made in spain Que se mueran los feos, trofeo al mal gusto donde los haya). No se recurre al sexismo, ni a los tópicos maliciosos ni tampoco a la hipocresía; se presentan las situaciones y personajes de manera clara (pero no por ella poco compleja) y la sonrisa se de dibuja desde el primer hasta el último minuto de cada capítulo.

Así que para todos aquellos que quieran pasar un buen rato de forma inteligente y huír de lo cómico- vulgar nada mejor que Frasier. Sin duda alguna para mi, la mejor serie de comedia de la historia de la televisión y sin duda alguna una de las series con más clase del panorama televisivo del siglo XX.


jueves, 20 de mayo de 2010

The Pacific

El lunes llegó a su fin una de las series más esperadas de los últimos tiempos: "The Pacific". Esta serie, que es la más cara de la historia, constituye una mezcla de tragedia y género bélico que a muchos ha decepcionado por diversas razones.

"The Pacific" fue llevada a cabo por los mismos que hicieron "Band of brothers" y se hizo mucha publicidad de esto. Esto resulta problemático porque respecto a aquella serie hubo un cambio que resta importancia a que la serie fuese obra del mismo equipo: el de la base sobre la que se realizaron los guiones. La serie de 2001 fue realizada fundamentalmente sobre las novelas de Stephen Ambrose acerca de la Segunda Guerra Mundial (Ambrose, quien murió en 2002, de hecho participó en la elaboración de los guiones de "Band of brothers") por lo que los trabajos se realizaron en una línea muy clara. Clara, además, en la medida en que Ambrose evidentemente escribía como narrador y no como protagonista. Por contra, la base fundamental sobre la que se elaboraron los guiones de "The Pacific" son las autobiografías de dos marines (Robert Leckie y Eugene Sledge) a la que se añaden otras historias (como la de John Basilone). El resultado de esta diferencia es que lo que en una eran claridad y familiaridad en la otra se convirtió aparentemente en un permanente desfile de desconocidos. Algo que por fuerza hace perder relevancia y tensión a las diversas batallas que se van mostrando a lo largo de la serie. Puesto que en "Band of brothers" se hacía sentir realmente la pérdida de los personajes. En la serie de 2001 toda la historia giraba alrededor de los miembros de la Compañía Easy, que estaban casi toda la serie en un mismo tiempo y espacio, que simplemente se iban turnando como "narradores" y protagonistas principales de cada episodio. En cambio, en "The Pacific" se nos presentan sucesivos grupos de protagonistas (algunos desconocidos entre sí durante toda la serie) de distintas unidades y que salvo en cuatro capítulos no están en el mismo lugar. Y por esto no extrañará decir que en "The Pacific" los capítulos "más bélicos", justo al contrario que en "Band of brothers" se nos antojen más bien regulares. ¿A qué se puede deber esto?

Los dos primeros capítulos, sobre la batalla de Guadalcanal, son aceptables y tienen algún momento que pone la carne de gallina (cuando John Basilone coordina y protagoniza la defensa, al final casi en solitario, de varios puestos de ametralladoras que están siendo simultáneamente asaltados por centenares de japoneses). Luego, el tercer capítulo, que es uno de los que no tienen escenas de batalla, es francamente bueno: en el que se nos muestra la vida ociosa de unos soldados que han pasado por el infierno de Guadalcanal en una ciudad amiga como Melbourne. Los inevitables romances que se dan no son tópicos ni se cae en la pura vulgaridad en la que semejantes historias a veces se plantean. Sin embargo a partir del cuarto capítulo algo parece torcerse. Las historias de los principales protagonistas hasta ese momento se separan y en todos los capítulos siguientes (con la excepción de los dos últimos) se dan cambios muy bruscos y muy relevantes. Se dedican nada menos que tres capítulos a la batalla de Peleliu y en esta desaparecen (Robert Leckie y otros; algunos sin demasiadas explicaciones) varios personajes que en los primeros capítulos eran protagonistas mientras aparecen otros nuevos. Algunos de esos nuevos personajes como el sargento de instrucción veterano de la primera guerra mundial o el ratero de Nueva Orleans metido a marine están bien, pero la mayoría, incluído el nuevo protagonista central de la historia (Eugene Sledge), rayan la irrelevancia (no ayuda el horroroso doblaje castellano en esto: por supuesto esta serie, como la por ahora soberbia Treme, debe verse en V.O). Para el recuerdo, sin embargo, queda una escena en que en plena "batalla de ratas" contra los japoneses los marines reciben la noticia de la muerte de uno de sus oficiales (un tipo muy querido y respetado) y el cadáver de éste pasa entre ellos parándose ante él, algunos llorando, para saludarle militarmente. Luego de esto, el antepenúltimo capítulo se centra de nuevo en John Basilone (que había vuelto a EEUU en el tercer capítulo para vender bonos de guerra), su vida personal y su participación en Iwo Jima. En mi opinión esta digresión le resta cohesión a la serie pues en un solo capítulo se nos presentan muchos personajes nuevos sin que esto tenga mucho provecho pues la velocidad a la que se desarrollan los acontecimientos hace que las (espectaculares) escenas de batalla en Iwo Jima sean, con diferencia, las que menos impacto tienen de toda la serie puesto que sólo sabemos quién es Basilone: el resto ni nos van ni nos vienen. La historia de amor que se plantea al principio del episodio, además, es, a diferencia de la protagonizada por Leckie en el tercer capítulo, un compendio de topicazos sumamente predecibles (por cierto: deberían mirarse los del casting de series esa costumbre suya de contratar para papeles de época a mujeres con rostros tan llamativamente "modificados" por el bisturí y el botox). En los dos últimos capítulos se dan dos buenos episodios. El penúltimo nos da una imagen negra, negrísima, de la batalla de Okinawa: donde es escasísima la diferencia que media entre seguir con vida o morir y son dramáticas las consecuencias de las más pequeñas acciones (este capítulo contiene alguna de las escenas más salvajes que haya visto en mi vida: no apto para personas sensibles). El último episodio presenta algo que no se había mostrado en "Band of brothers": el enfrentamiento con la realidad de la vida civil. Tanto en este, como el ya mencionado capítulo tercero, se ve a la serie subir a grandes alturas. Porque en estos capítulos se reflejan las relaciones humanas desde una perspectiva muy realista y sincera: tanto las juergas alcohólicas como un simple viaje en tren con unos amigos se presentan muy bien, sin estridencias, y siendo así resulta muy fácil verse reflejado en ellas. Así, por ejemplo, en el tren de regreso al hogar, uno de los protagonistas, cuya unidad se había quedado rezagada limpiando el campo de combate de Okinawa, dice: "nosotros volvemos en 1946 y no nos dan ni una cerveza gratis". Se transmite muy bien, en definitiva, el espíritu de la juventud y, al final, el terrible precio que se cobra sobre ella la guerra. Porque, sin ir más lejos, en el primer capítulo de la serie los reclutas afirmaban estar preparados para matar a miles de japoneses pero ya en el tercero, tras la matanza de Guadalcanal, los mismos escuchan sin interés a los niños australianos que les preguntan a cuántos japos habían matado.

Es tan diferente "The Pacific" respecto a "Band of brothers" que su comparación resulta, siendo justos, imposible. Una diferencia que sólo puede ser deliberada. "Band of brothers" era un "Objetivo Birmania" (una película, por cierto, simplemente excepcional) de nueve-diez horas de duración en que el grupo de compañeros lo es todo mientras que "The Pacific" aspira a contar otras cosas y en el que la épica se vende muy cara e, incluso, se relega a un plano secundario. A cada uno agradará más el enfoque de una u otra, simplemente. Como serie bélica, entonces, "The Pacific" deja mucho que desear mientras que como serie dramática es superior a "Band of brothers" y toca muchos más palos. Una mayor profundidad que curiosamente también distinguió a "La delgada línea roja" respecto a "Salvar al soldado Ryan" (película respecto a la cual "Band of brothers" se puede calificar como "prolongación seria"). Qué decir de la mediocre doble aproximación de Clint Eastwood al tema de Iwo Jima. Puede que una explicación para estas diferencias radique en la naturaleza del enemigo contra el que se combatía en el Pacífico.

El carácter del soldado japonés, así como la determinación de sus mandos y táctica acabaron obligando a los norteamericanos a un tipo de lucha basado en la búsqueda y exterminio del enemigo: un tipo de guerra especialmente desmoralizador y para el que el ejército de ciudadanos de una democracia, como se mostraría  luego en Vietnam, simplemente no está preparado. Esta lucha conmocionó a una generación de norteamericanos a un nivel superior que otras carnicerías (menos intensas aunque mucho mayores) como las que sufrieron los aliados en la liberación de Europa. Puede que esto simplemente se haya trasladado al cine. Puede que combatir a un enemigo fanático en un espacio muy reducido traumatice mucho más que luchar en campo abierto contra un enemigo que considera honrosa una rendición a tiempo. Puede que, en fin, por eso en el último caso se pueda hacer épica y en el otro más bien tragedia. Y en el género trágico debe encuadrarse "The Pacific" y no en el de hazañas bélicas. Una vez que se acepta eso se puede decir, creo que sin lugar a demasiadas dudas, que "The Pacific" es una muy recomendable pieza de arte en la que el protagonista, por encima de todo, es el hombre y no la guerra.


"Su espada el audaz desenvaina sin temor y se bate por su patria con honor" Robert Leckie.