martes, 9 de abril de 2013

"Efectos secundarios" de Steven Soderbergh

Una de las sorpresas más agradables que la cartelera recientemente nos ha traído es "Efectos secundarios", de Steven Soderbergh. En esta época de muy escasos estrenos de interés, esta película, poco publicitada, ha sido un descubrimiento.

Pese a que las críticas que circulan por la red dicen que "Efectos secundarios" se despeña por las cuestas de la "película de género" (thriller), la propuesta de Soderbergh es bastante original. La película gira entorno al personaje de Rooney Mara y a la polémica sobre los efectos secundarios que cierto medicamento psiquiátrico le ha producido.

En "Efectos secundarios", no obstante, hallamos dos películas en una. La parte inicial parece sugerir que veremos una película completamente diferente de la que al final resulta. Sin embargo, el comienzo le sirve a Soderbergh para realizar una crítica contundente del capitalismo financiero y sus contradicciones. En tal sistema las personas, convertidas en máquinas extremadamente competitivas, necesitan del consumo de potentes medicamentos "para ayudarte a ser quien eres". Asimismo, a través del protagonista de la historia (el psiquiatra interpretado por Jude Law) y su entorno directo vemos cómo el dinero es medida de todo en el tandem médicos-farmacéuticas. No falta una línea argumental que, a través de la pareja del personaje de Jude Law, toca el espinoso tema del desempleo y el curioso efecto que produce en las personas sin carácter. La película ofrece, además, una amarga e interesante reflexión general sobre la hipocresía y el corporativismo que esconde deontología profesional y sus inquisidores.

La segunda parte de "Efectos secundarios" es una película de intriga, ciertamente enrevesada, en la que el espectador corre el riesgo de perderse: sobre todo en la resolución de la trama. Pero todo esto tiene un sentido y, sin añadir más que desvele demasiado acerca del desenlace, recuerda en cierta medida a la película "Las dos caras de la verdad" de Gregory Hoblit (película que supuso el debut de nada menos que Edward Norton). Al igual que en aquélla, el protagonista de "Efectos secundarios" se verá atrapado en la elección entre salvar su propio prestigio y posición o desentrañar la verdad de un caso.

Las actuaciones son más que correctas aunque Channing Tatum no sea demasiado creíble en el papel de especulador financiero (y aparezca con un sobrepeso que parece haberle hinchado la cara, haciéndole parecer enfermo). Jude Law, si bien con sus tics habituales, desarrolla de forma más que correcta su papel de persona atrapada. Rooney Mara en cierto modo repite su papel de "Millenium", desnudos integrales incluídos, aunque con matices más oscuros.

En definitiva, la última película de Soderbergh se disfruta, siendo angustiosa, y nos sorprende, siendo una historia muchas veces contada. ¿Qué más se puede pedir de una película del género?


"La depresión es la incapacidad para construir un futuro" Dr. Jonathan Banks (interpretado por Jude Law).

miércoles, 3 de abril de 2013

Le damos la bienvenida al mes de Abril...



Son de abril las aguas mil.
Sopla el viento achubascado,
y entre nublado y nublado
hay trozos de cielo añil.
 

 Agua y sol. El iris brilla.
 En una nube lejana,
 
 zizaguea
 
una centella amarilla.
 

 La lluvia da en la ventana
y el cristal repiquetea.
 
A través de la neblina
que forma la lluvia fina,
 
se divisa un prado verde,
 
y un encinar se esfumina,
 
y una sierra gris se pierde.

 
 Los hilos del aguacero
sesgan las nacientes frondas,

y agitan las turbias ondas
en el remanso del Duero.
 

 Lloviendo están en los habares
y en las pardas sementeras;

hay sol en los encinares,
charcos por las carreteras.

 
 Lluvia y sol. Ya se obscurece
el campo, ya se ilumina;

allí un cerro desaparece;
allá surge una colina.

 
 Ya son claros, ya sombríos
los dispersos caseríos,

los lejanos torreones.

 Hacia la sierra plomiza
van rodando en pelotones
 
nubes de guata y ceniza."

 (Antonio Machado, "Campos de Castilla")




jueves, 28 de febrero de 2013

Impresiones sobre los Oscar 2013

El pasado domingo tuvo lugar la 85 gala de los Oscar. Como viene ya siendo habitual en los últimos años, los ganadores en cada categoría fueron los adelantados por la prensa. Fueron unos Oscar muy repartidos y este vez, eso sí, todos fueron concedidos a películas. Y es que el año pasado se le concedió un buen número de galardones a éso que se llamaba "The Artist": una obra muda, un atraso con pretensiones, que fue rápidamente "copiada" (aunque lo nieguen los perpetradores) en España y ampliamente premiada en el quiero y no puedo de la gala de los Goya.

El Oscar menos discutible fue el concedido a Daniel Day Lewis por su actuación en Lincoln. Un actor que ya atesora tres Oscar y sin embargo se emocionó al recibirlo. Un actor camaleónico que escoge sus papeles (la antítesis de Nicolas Cage) y que consigue este último Oscar interpretando al exacto opuesto del racista que interpretó en "Gangs of New York": Abraham Lincoln. No obstante, no se puede olvidar el genial trabajo realizado por el siempre brillante Denzel Washington en "El vuelo", interpretando a un alcohólico.

El premio a la mejor película se lo llevó "Argo", de Ben Affleck. Una película muy notable, sí, pero dentro de una categoría de films relativamente menores. Se trata de un suspense entorno al rescate, por parte de la CIA, de unos funcionarios norteamericanos en el Teherán de los primeros tiempos de la República Islámica de Irán. Cualquiera que sepa un mínimo del incidente de los rehenes en Irán sabe, de antemano, que todo acaba bien, pero Affleck consigue crear un buen suspense. Pero la película no es más que eso, y realmente no recuerdo que se hayan concedido demasiados Oscar a películas con pretensiones tan "pequeñas" y tantos medios de producción. Esto es: a las películas que cuentan poco se les suele premiar como extravagancias, pero la cinta de Affleck dista mucho de ser una película de ese tipo: es más bien una "modesta" gran producción (45 millones de dólares de presupuesto). Personalmente, creo que el Oscar debería haber ido a parar a "Lincoln".

Al hilo de lo anterior, también me llama la atención que el Oscar al mejor guión adaptado no haya ido a parar a "Lincoln". Porque el trabajo que se hace en esta película es magnífico. Una cuestión tan absolutamente compleja como la mera disputa alrededor de la legalidad federal vs legalidad estatal en los EEUU de mediados de siglo XIX se ventila en una escena. Un monólogo del personaje de Lincoln en que Daniel Day Lewis presenta al espectador todo el complejo asunto de la emancipación de los esclavos y la polémica sobre su legalidad o ilegalidad. Fascinante trabajo de guión. De nuevo, "Lincoln" merecía este premio antes que "Argo".

El Oscar a mejor actriz fue concedido a esa "belleza por decreto" (esto es: horrible mujer apadrinada por alguien) llamada Jennifer Lawrence por su papel de desquiciada ninfómana en "El lado bueno de las cosas". Una película que, por cierto, parece un producto de marketing puro: la mezcla de "Flashdance" con una película sobre dos inadaptados que se conocen. Un Oscar al marketing.

Cuestión a parte es el Oscar a mejor actriz de reparto: entregado a Anne Hathaway. Se piense lo que se piense de esta mujer (la clásica "enchufada" en el oficio y con una filmografía llena de "bultos sospechosos"), el trabajo que realiza en las pocas escenas en que aparece en "Los miserables" es escepcional. Simplemente por el solo que interpreta, en primer plano, con la canción "I dreamed a dream", ya merece la estatuilla.

El Oscar al mejor director en esta ocasión de lo han dado al director de la película "rarita" de turno: Ang Lee, por "La vida de Pi". Ya saben: esa película tremendamente profunda y simbólica que la gente suele ir a ver al cine para contarle al vecino que ha ido a verla. Otro Oscar birlado a "Lincoln", pues esta estatuilla debería haber ido a parar al amigo de los niños Steven Spielberg. Aunque, eso sí, como es habitual en Spielberg "Lincoln" no esté bien rematada. Y es que, como dice el personaje de Lincoln en la propia película de Spielberg, citando a un predicador: "Haría los sermones más breves, pero cuando empiezo me da mucha pereza parar".

Me veo obligado a discutir también la elección del Oscar a mejor actor secundario. Se le concede a quien ya recibiera un Oscar a mejor actor secundario por "Malditos Bastardos": Cristhoph Waltz. Y de nuevo se le concede por interpretar un papel en una película de Tarantino... haciendo de sí mismo. Porque Waltz hace exactamente el mismo papel que en "Malditos Bastardos". Cuando todos los personajes parecen iguales es que no hay interpretación sino un paseo ante la cámara. De hecho, en los momentos en que el personaje de Waltz en "Django Desencadenado" no es un verborrágico sabelotodo con la iniciativa en la conversación (véase las conversaciones con el desquiciado personaje de Leonardo Di Caprio) parece un pez fuera del agua, un bulto. En este caso, pues, el Oscar debería haber ido a parar, de nuevo, a "Lincoln": con un Tommy Lee Jones en estado de gracia, intepretando a un filántropo-misántropo antiesclavista que nos brinda muchos grandes momentos.

Finalmente la gala de los Oscar, a parte de la intervención de la primera dama Michelle Obama, no fue una apoteosis patriótica en forma de Oscars para "Zero Dark Thirty", como lo fue hace tres años para "The hurt locker". Esperemos que Kathryn Bigelow abandone su papel de Leni Riefenstahl de las fuerzas armadas de los EEUU y haga otras cosas menos sospechosas que popularizar la tortura como método de obtención de información.

En cuanto al desarrollo de la gala, que no vi en toda su extensión por mera autoconservación cerebral (pésimos comentaristas, traducciones de risa y sobreabundancia de referencias twiteras low cost en el programa de Canal+), me pareció mucho menos vistosa que otros años. La premiada Adele, por ejemplo, interpretó su éxito "Skyfall" a media voz y con una iluminación horrible. En cuanto al presentador de la gala baste decir que este año no presentó una momia como Billy Crystal sino una marioneta. Un pelele que se llama Seth Macfarlane (creador de "Padre de Familia"). Al margen de su comentario irrespetuoso sobre los actores hispanos (un clásico en este tipo de presentadores "graciosos"), éste friki grotescamente presumido irradia prepotencia y un deformado y vampírico sentido del humor basado en la mitomanía. A ver si el año que viene presenta la gala alguien que tenga gracia de verdad. Kevin Spacey, por ejemplo.




"La única forma de saber quién es el mejor actor es que todos interpretemos a Hamlet y que el mejor sea el ganador" Humphrey Bogart




miércoles, 6 de febrero de 2013

Richard Harris habla sobre Marlon Brando

Curioso extracto de una entrevista, en 1973, al fallecido actor irlandés Richard Harris, en el que habla de la forma de actuar de Marlon Brando. Se refiere en concreto a la mala memoria de Brando, que obligaba a poner a su disposición grandes pizarrones tras las cámaras donde se ponían sus frases para que las leyera. Algo que, efectivamente, podría tener que ver en la forma de actuar de Brando y las miradas que ponía. No obstante, en opinión de Harris, Marlon Brando es uno de los mejores actores de todos los tiempos en casi todos los registros, salvo, dice, el de la comedia.

No tiene desperdicio




lunes, 7 de enero de 2013

"Golpe de Efecto" o El anciano Harry Callahan contra Moneyball

Son ya muchas las películas sobre los "deportes americanos" que han cruzado el charco hasta nosotros. Por lo general, no resultan muy interesantes para los espectadores europeos. No en vano, el fútbol americano o el béisbol parecen cosas que poco o muy poco tienen que ver con el ideal atlético. A saber: una estrella del fútbol americano o una del béisbol puede serlo sin dar el perfil atlético clásico; teniendo sobrepeso o simplemente una habilidad para hacer bien una cosa muy limitada. Se trata de deportes, en suma, en que se rinde adoración no tanto al talento en general como a la excelencia estadística y a las pausas publicitarias en las que engullir cerveza y cacahuetes. Los americanos, con sus deportes, forman un universo paralelo en el deporte. Y tal vez por esto el principal torneo de béisbol en EEUU se denomina "las series mundiales". Sea como fuere, el cine sobre los deportes americanos suele estar presidido por un tono disney o un entusiasmo que no podemos compartir.

Por todo esto, la última película en que interviene Clint Eastwood ("Golpe de Efecto") tenía muy mala pinta y fue rápidamente despreciada por muchos críticos españoles como un "vulgar telefilme". En mi opinión, lejos de semejante mediocridad, "Golpe de Efecto" constituye una historia sencilla, sí, pero que se erige en enmienda a la totalidad del reciente éxito "Moneyball": algo que dista mucho de no tener interés y alcance.

"Moneyball", que tuvo varias nominaciones a los Oscar el pasado año, era una película de ésas que no se sabe muy bien qué pretende contar. Las interpretaciones difieren radicalmente al respecto. Los hay que opinan que simplemente es una loa a un grupo de personas que "descubrieron" una forma de dirigir equipos de béisbol que prescindía de la subjetividad de los ojeadores, en contra de todo el orden establecido. Otros opinamos que la película simplemente habla sobre el resentimiento de un individuo (el interpretado por Brad Pitt) que se "venga" del deporte en que no pudo triunfar reduciéndolo a una farsa matemática. Mediante esa aproximación numérica, el personaje de Pitt "mataba" al béisbol, despojándole de toda épica y, de paso, aliviando su sentimiento de culpa por haber fracasado en ese deporte.

"Golpe de Efecto" se rebela contra el planteamiento de "Moneyball". Si en "Moneyball" había unos ojeadores subjetivos, ignorantes y corporativistas, en "Golpe de Efecto" vemos a directores técnicos que no ven ya béisbol sino que sólo analizan estadísticas, intentando convertir toda traza de deporte en billetes de dólar. Tanto en una como en otra los enfoques son maniqueos, por tanto, aunque en la película protagonizada por Clint Eastwood la trama sentimental es muy importante, cuando en "Moneyball" se reducía al personaje de Brad Pitt poniendo cara de esquimal viendo tocar la guitarra a su hija. En la de Eastwood vemos la compleja relación entre el personaje de éste y el interpretado por Amy Adams. 

Eastwood interpreta a un ojeador de béisbol de gran prestigio que afronta mal los achaques de una edad muy avanzada y Amy Adams a su hija, atormentada por lo que cree el rechazo de su padre hacia ella y que malvive como esclava adicta al trabajo de un bufete de abogados (uno de cuyos jefes es un Bob Gunton que parece repetir el mismo papel en todas las películas en que participa: hasta su despacho para el mismo que el de "Vacaciones en el infierno"). Aparecen entre ambos el personaje de John Goodman (más delgado que nunca) interpretando al jefe/amigo de Eastwood y el de Justin Timberlake, como jugador fracasado metido a ojeador sin vocación. Eastwood hace lo que tan bien sabe hacer (estar desorientado a todos los niveles y actuar como un libertario pasado de vueltas), Amy Adams hace de mujer fuerte (al igual que hiciera en "The Fighter") de forma bastante convincente y el resto cumple bien con su papel más o menos decorativo.

Es "Golpe de Efecto" una película sencilla, estoy de acuerdo. Y sorprende que Clint Eastwood abandonase su retiro de la actuación por hacerla habiéndose tomado tantas molestias en "Gran torino" por tener un final por momentos ritual, bíblico, en su carrera de actor. Pero eso no significa que la película sea mala o prescindible. Para mí, pese a su maniqueísmo (y su previsible desarrollo, en realidad), esta película es de visionado obligado para quienes hayan visto "Moneyball": porque consituye una crítica feroz de aquélla, elevando "lo intangible" a parte relevante del deporte y con una narrativa viva allí donde "Moneyball" era fría, maquinal... insomne. Tal vez el individualismo de "Golpe de Efecto" sea demasiado fantasioso, pero el colectivismo en "Moneyball" daba mucho miedo.




"Dios no juega a los dados" Albert Einstein

martes, 1 de enero de 2013

Lo que puede el dinero.

La primera entrada de este nuevo año, la protagoniza el Arcipreste de Hita con su genuina reflexión acerca del poder del dinero; ciertamente sorprende que unas líneas escritas siglos atrás estén tan de actualidad, y es que como podemos ver la naturaleza humana poco ha cambiado.
 


Lo que puede el dinero

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
Al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.

También al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
Cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dinero no es de sí señor.

Y si tienes dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración,
comprarás Paraíso, ganarás la salvación:
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

El crea los priores, los obispos, los abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades
a los clérigos necios da muchas dignidades,
de verdad hace mentiras, de mentiras hace verdades
.


 El hace muchos clérigos y mucho ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les da por bien examinados,
a los pobres les dicen que no son ilustrados.

Yo he visto a muchos curas en sus predicaciones,

despreciar el dinero, también sus tentaciones,
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.

Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir,
más si huelen que el rico está para morir,
y oyen que su dinero empieza a retiñir,
por quién ha de cogerlo empiezan a reñir.

En resumen lo digo, entiéndelo mejor,
el dinero es del mundo el gran agitador,
hace señor al siervo y siervo hace al señor,
toda cosa del siglo se hace por su amor. 
 
Arcipreste de Hita

lunes, 24 de diciembre de 2012

Ecos y Espejos les desea felices fiestas

Desde Ecos y Espejos queremos desear a nuestros lectores unas felices fiestas y un mejor año 2013. Esperemos que con buenas letras y mejor cine.




lunes, 10 de diciembre de 2012

O Apóstolo. Una aventura diferente.


 
La semana pasada quedé muy gratamente sorprendida por la atractiva y original propuesta de O APÓSTOLO una aventura de animación de cuño gallego que recoge toda la magia y el misterio que rodea el Camino de Santiago.

O Apóstolo cinta dirigida por Fernando Cortizo cuenta con la colaboración de importantes figuras del cine, tanto de Galicia como de España (Luis Tosar, Atilano Franco, Geraldine Chaplin o Jorge Sanz), quienes ponen voz a los curiosos y especiales personajes de esta tenebrosa historia  encuadrada en un entorno muy singular.

La hospitalidad de una pequeña aldea gallega que se encuentra de camino a Santiago, en realidad guarda un misterio que debemos descubrir, y no puedo desvelar más sobre el argumento, tendréis que ir a verla.

Es un relato muy interesante y aunque en ciertos momentos cae un poco en la lentitud, mantiene la atención del espectador hasta el final. Es una combinación magistral de la tradición, y los nuevos tiempos con una moraleja ciertamente reseñable. Es de destacar el gran trabajo en cuanto al acompañamiento de la música que en todo momento se combina con  las aventuras y desventuras de nuestro protagonista y con el desarrollo de la historia.

Es una verdadera pena que una aventura de animación tan original, no haya tenido mayor proyección, puesto que a nuestro parecer es la única propuesta de este tipo con respecto a las últimas películas de animación, que se puede resaltar por ofrecer algo distinto. Y es que ya llevamos un tiempo en que todas los filmes que presentan los grandes estudios (Pixar adquirida por Disney, Dreamsworks Animation, etc..) no están ofreciendo más que copias y re- ediciones de viejas historias, cuando no se trata de la cuarta o quinta entrega de alguna película que en su momento hasta tuvo algo de gracia.

Es interesante apoyar iniciativas que traigan ideas frescas que si bien no tiene la capacidad económica de estos estudios, o la calidad técnica (aunque es bastante alta) de estos grandes monstruos de la industria de animación, sin embargo nos muestran proyectos novedosos y diferentes.

Por ello os animo a que vayáis a ver esta película, si tenéis ocasión porque no os va a defraudar. Ya nos contaréis. Aquí os dejamos un pequeño adelanto...
 

viernes, 7 de diciembre de 2012

Seguimos en otoño con Neruda...

16
  
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
 
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios:
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
 
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
 
En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.
 
 
"Veinte poemas de amor y una canción desesperada" (Pablo Neruda).


jueves, 15 de noviembre de 2012

Pablo Neruda, siempre imprescindible.


Estas semanas coincidiendo con esta época otoñal tan dada a al poesía, vamos a dejar colgados aquí algunos poemas de Pablo Neruda. Espero que nuestra selección os guste.
 

10

Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
 
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

Cayó el libro que siempre se toma en el crespúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.

Siempre, siempre te alejas en las tardes

hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
 

"Veinte poemas de amor y una canción desesperada"

lunes, 5 de noviembre de 2012

La muerte de James Bond

Cuando Pierce Brosnan abandonó el papel de James Bond (su última entrega fue en 2002 con "Muere otro día"), se decidió adjudicar el papel a Daniel Craig. La elección llamó la atención porque Craig era rubio, de origen eslavo y un musculitos. Y eso contrastaba un tanto con el modelo típico de Bond escogido hasta entonces. La razón para esto, para quien viese "Casino Royale" (2006), no podía ser más lógica: James Bond ya no era James Bond. Una elección polémica pero que para cualquiera que viese las últimas películas con Brosman no carece de sentido: porque la saga 007 ya había degenerado en una pirotecnia, en un regusto por los efectos especiales, que no podía desarrollarse mucho más. Pero la saga es una máquina de hacer dinero y para que todo siguiese igual había que cambiarlo todo. Irónicamente, "Casino Royale" fue también el título de la parodia de James Bond de 1967 a cargo de David Niven y Peter Sellers.

Lejos de la parodia, el James Bond de Daniel Craig es otra cosa. Es un personaje creado al calor del boom de la franquicia de Jason Bourne ("El mito de Bourne" se estrenó en 2004: con una rentabilidad del 284% cuando la última de Brosnan había aportado sólo un 204%). Mientras Connery, Moore, Dalton o Brosnan eran espías "con licencia para matar", Daniel Craig interpreta a un asesino puro y duro al estilo de Bourne. Así, Bond no es un tipo que usa aparatitos, un elegante señorito inglés, sino un soldado de élite que se viste de etiqueta. Sea como fuere, la cosa no salió mal y se consiguió con "Casino Royale" un 298% de beneficios sobre el presupuesto. La siguiente película de Bond ("Quantum of Solace", 2008) supuso para muchos un paso atrás en cuanto a la "profundidad" del personaje interpretado por Craig. Y una decepción: porque en el final de "Casino Royale" se dejaba en el aire el argumento de una venganza personal para Bond. Sin embargo, el argumento al final no fue más que la típica historia Bond con un villano atiborrado de tecnología al que derrotar. Tal vez por eso, en esta ocasión, la rentabilidad del film bajó al 193%.

"Skyfall", la nueva entrega de Bond, a cargo de Sam Mendes, nos presenta ahora una apuesta mucho más arriesgada que "Quantum of Solace". Y posiblemente eso termine por reflejarse en taquilla. Pero la apuesta es arriesgada porque es muy radical. Aquí no hablamos de que Bond se enamore o sea un boina verde con traje, que era lo sorprendente en "Casino Royale". No. En "Skyfall" se nos presenta a un Bond menor, debilitado o avejentado. Sea como fuere, el mensaje parece demasiado radical, desnaturaliza al personaje más allá de lo estético: le quita su esencia. Porque lo fundamental en Bond es su superioridad aplastante. Una superioridad basada en sus habilidades individuales y en la tecnología punta que se le proporciona. En esta última entrega de 007 James Bond está debilitado y no utiliza apenas tecnología. De hecho, se apuesta tanto por esta especie de minimalismo tecnológico y al final del film vemos a James Bond haciendo las veces de MacGyver.

Por otra parte, en "Skyfall" no estamos ante un giro original ni mucho menos. Si en "Casino Royale" se apostaba por la vía abierta en la saga Bourne, en la película de Mendes se puede ver un ejercicio bastante obvio de corta y pega de "El caballero oscuro" (2008) de Christopher Nolan. Se ve de nuevo la mano de los productores en esta decisión puesto que esa película de Nolan consiguió una asombrosa rentabilidad: un 442%. De ahí el personaje de Javier Bardem en "Skyfall", que da vida a un tipo que no se sabe muy bien qué pretende pero que actúa de forma impulsiva y alocada. Se nos muestran largos planos mostrando cómo el personaje de Bardem ríe a solas y, como no, tiene una deformidad en la cara. ¿Suena familiar? Sí, en efecto: es el Joker. Siendo el personaje de Joker básicamente un maníaco, un chalado... es fácil caer en una mera sobreactuación en la que puede parecer buena actuación cualquier cosa. De ahí el mérito de Heath Ledger en "El caballero oscuro": él realmente actúa. Bardem, al igual que Brad Pitt en su personaje de "12 monos" (1995), por ejemplo, se limita a ser excesivo. Bardem se muestra excesivo y, gracias a su físico, amenazante. Tiene algunas líneas de guión divertidas y ocurrentes, pero no llega al nivel del Joker de Nolan, evidentemente. Aquél personaje era puro caos, sin historia pasada, mientras que ese planteamiento no es posible en el mundo de 007: donde tiene que haber una explicación para todo. Y la explicación del personaje de Bardem no podría ser más...desagradable. Como alguien ha dicho: el personaje de Bardem a ratos es un despiadado maníaco paranoide o un huerfanito perdido. Es verdaderamente llamativo el desarrollo de la trama respecto a este villano en "Skyfall": cualquiera que la vea podrá comprobar que es prácticamente idéntico al que se desarrolla con el joker en "El caballero oscuro".

No hay que confundirse, "Skyfall", pese a que le sobra media hora, es una película relativamente entretenida. Lo que pasa es que no es James Bond, es otra cosa. Es evidente que la saga 007 atrae mucha expectación, aún tras todos estos años, y siguen usando el nombre por reclamo. Tirando de la nostalgia al máximo, además, en esta "Skyfall". Pero, insisto, esto ya no es James Bond. No basta con rodear al personaje de los tópicos habituales del personaje, es que hace falta EL personaje.




"Ya sólo queda una rata" James Bond.

PS: La evolución de la rentabilidad de las sagas Batman, Bond y Bourne en sus partes de 1 a la 3:







martes, 9 de octubre de 2012

El fraude, de Nicholas Jarecki

Richard Gere es un actor cuyos trabajos más conocidos no me han interesado particularmente. La mayor parte de su carrera como actor la ha pasado poniendo caras de interesante en el recurrente rol de "maduro seductor". En dicha carrera alcanzó grandes cotas de ridículo (véase por ejemplo la inefable "El primer caballero"). Sin embargo, los últimos papeles de Richard Gere han supuesto un cambio importante en esa dinámica.

En "Los amos de Brooklyn" el personaje de Gere era un absoluto perdedor, sin oxígeno vital, un policía sin rumbo que estaba enamorado de una joven prostituta. Algo muy sorprendente en Gere, que casi siempre interpreta el papel de triunfador, de persona que tiene todas las respuestas. En "El fraude", de Nicholas Jarecki, Richard Gere interpreta el papel de un multimillonario que bien pareciera que tiene todas las respuestas, que todo le va bien, que es un triunfador. Pero no. El multimillonario en cuestión, a lo largo de la película, va encontrando más y más obstáculos en su camino hasta el punto de encontrarse ante la perspectiva de perderlo todo. En el fondo, al igual que en "Los amos de Brooklyn", Gere interpreta a un absoluto fracasado en la vida.

En el filme de Jarecki se plantean cuestiones interesantes. Una de ellas es el modo en que el multimillonario protagonista justifica todos y cada uno de sus actos en el presunto interés de otras personas. Pero en realidad sólo defiende su particular interés: la codicia por un lado y el mero sobrevivir por el otro. Y ante ese particular interés no pone en valor ni a su propia familia, a cuyos miembros maneja como peones. La codicia lo es todo. Absolutamente todo.

Otra cuestión interesante, muy interesante, de "El fraude", es que además de ser una película de intigra a la vieja usanza (sin giros disparatados ni complicaciones artificiosas en el guión), constituye una gran pieza de crítica social. Porque sobre el crash financiero de 2008 ya se han realizado varias películas, pero todas ellas intentan tocar una partitura demasiado megalómana: tomando como protagonistas a los grandes personajes, novelizando la alta política. Como si las crisis del capitalismo fuesen capítulos de un folletín que dependiesen, para desencadenarse, de las decisiones de un pequeño núcleo de poder. "El fraude", construida alrededor de un "simple" multimillonario y los personajes que le rodean, huye de esa trascendencia, de esa pompa narrativa, y por eso es la mejor película sobre dicho crash. Dejando en absoluto ridículo a productos como "Wall Street: el dinero nunca duerme" de Oliver Stone, Jarecki deja claro qué fue lo que nos llevó "a la burbuja". Y lo hace, como decía, sin una voz en off que nos lo explique, sin ningún Elliot Ness (especial atención a la soberbia actuación de Tim Roth como policía en esta "El fraude") que señale el delito. Ni siquiera la correcta "Margin Call" puede resistir la comparación con "El fraude"; a su lado resulta dramáticamente hueca, plagada de discursos, a su lado.

A través de los personajes, Jarecki nos muestra dos mentalidades: la que es esclava del dinero y la del honor y la integridad personal. La confesión de su codicia del personaje de Richard Gere a su hija refleja perfectamente esta "fiebre del oro" de las desreguladas finanzas en el nuevo siglo. Una fiebre por el riesgo que, acaso irónicamente, se ve puesta a prueba cuando toda su vida y toda su fortuna dependen de la decisión de un joven negro de Harlem.

En definitiva, la película "El fraude" es un thiller a la vieja usanza que desde su sencillez hace mucho más por explicar qué nos llevó a todo este desastre económico que los propios medios de comunicación o las series documentales de la HBO y similares. Porque el origen de las burbujas, de las crisis, de este desastre en el que malvivimos, no es otro que la codicia de individuos con cara y ojos. Como decía cierto personaje de la serie "Treme":

"No debes intentar trucos con el sistema, el sistema ya está trucado. Sólo hay que saber las reglas".




martes, 25 de septiembre de 2012

A Roma con amor

Recientemente se estrenó la última película de Woody Allen: "A Roma con amor". Dicha película sigue en la línea del resto de vacaciones europeas de Allen: mostrar un recorrido cuasi-turístico con la excusa de un argumento que va surgiendo sobre la marcha.

Se suele decir que los que son fans de Woody Allen se reirán con cualquier chiste que éste haga, sea bueno o malo. En mi opinión, Allen ha realizado muchas películas sin ninguna gracia. No es el caso de "A Roma con amor", pero hay algo más preocupante en el conjunto. Porque si bien "Midnight in Paris" era una curiosa historia, "A Roma con amor" no es más que una acumulación de ocurrencias, con "películas dentro de la película". Se aprecia así, por ejemplo, una terrible divergencia de escala temporal entre las historias: porque por un lado se nos muestra el día de una pareja de recién casados pero por otro se muestran dos historias que parecen desarrollarse a lo largo de días o incluso semanas. A raíz de esto, la película no parece del todo bien ensamblada. Es una gamberrada. Una gamberrada, eso sí, con unas bellas vistas de Roma.

En esta película, claro, destaca la reaparición como actor de un Woody Allen con 76 años de edad. Sigue interpretando bien el papel de cascarrabias, con sus ocurrencias y su característica obsesión con la muerte. En esta ocasión tiene varios diálogos con destellos del viejo humor de Allen, pero, como otras veces, lo que al principio hace gracia se alarga demasiado. Da la sensación de que las aceleradísimas producciones de Allen a veces surgen de chistes y ocurrencias puntuales que luego son alargadas hasta conseguir una nueva película. Y en ocasiones, el efecto resulta muy pobre mientras en otras, parece bastante mejor.

Aún con el peligro de que se me califique de beato, prefería al Woody Allen de los comienzos. Un director que representaba farsas con momentos de cámara rápida y organillo con el telón de fondo de la crítica social. Porque donde antes veíamos una ácida crítica social, ahora sólo vemos puras exhibiciones de libertinaje y críticas a la familia tradicional. En "A Roma con amor", al igual que en "Si la cosa funciona" (2009), de nuevo vuelve la más desenfrenada infidelidad conyugal a ser protagonista de casi todas las historias. Este hecho sin duda tiene mucho de justificación autobiográfica del propio Woody Allen. Algo parecido, salvando las distancias, a lo que pretendió Elia Kazan al rodar "La ley del silencio".

Cabe destacar que entre los protagonistas vemos a un Roberto Benigni en su único registro conocido: el de la performance de payaso vociferante. A Penélope Cruz, como en tantas y tantas de sus películas, haciendo de mujer de moral dudosa marcando trasero. Un Alec Baldwin haciendo de una especie de voz en off del joven Jesse Eisenberg encarnada con la que, inexplicablemente, interactúan otros personajes. El mencionado Eisenberg (que con casi 29 años tiene la joroba de una persona de 80 años) sigue en su habitual registro de joven repelente; que interpreta a un estudiante de arquitectura que vive como un yupi parasitario en el Trastevere junto a su novia que se ve tentado por una amiga de ésta. Dicha amiga aparece interpretada por la andrógina Ellen Page, que interpreta convincentemente el papel de pedante farsante tantas veces criticado en los filmes de Allen, pero que resulta increíble en el papel de devora hombres. 

En resumen, "A Roma con amor" resulta un pasatiempo, pero sus mensajes subyacentes, como viene siendo habitual en Allen, son bastante reprobables. Debe decirse que Woody Allen ha pasado de verse a sí mismo como un contestatario judío neoyorkino, generalmente un don nadie, a verse como un adinerado en permanentes vacaciones. Algo que ha supuesto, inevitablemente, que Woody Allen perdiese al menos la mitad de su fuerza original, convirtiéndose en mero crítico de las personas y sus relaciones, en lugar de crítico de la sociedad.





"Dios ha muerto, Nietszche ha muerto y yo no gozo de buena salud." Woody Allen

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Apuntes de Verano (IV).


Terminamos ya esta sección de Apuntes de Verano, con un poema de Antonio Machado El Mañana Efímero recogido en su obra Campos de Castilla (1912), que constituye un retrato de la España de su tiempo, pero que perfectamente se podría aplicar a la Epaña que hoy en día vemos. La existencia de las "dos Españas" y el dolor por su patria (tan propio de la generación del 98) son temas recurrentes en esta obra. Más tarde con el estallido de la Guerra Civil Española, ese dolor por España se convirtió en un sufrimiento  personal, al verse perseguido y obligado al exilio.

[ CXXV]

EL MAÑANA EFÍMERO

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará un mañana
vacía y ¡por ventura! pasajero.
será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero;
a la moda de Francia realista,
un poco al uso de París pagano,
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digan a usar de la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacía y ¡por ventura! Pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana
de un sayón con hechuras de bolero,
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en a mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.
 

lunes, 20 de agosto de 2012

Descanse en Paz Tony Scott.


El pasado domingo se conoció la noticia de la muerte de Tony Scott, hermano del director Ridley Scott. Parece ser que la causa de la muerte fue el suicidio, pero la investigación sigue su curso. Conocido por películas de gran éxito como es el caso de "Top Gun" o "El último Boy Scout". Descanse en paz.....

martes, 14 de agosto de 2012

Apuntes de Verano (III)



[…]

Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.

-     Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? – preguntó Herbert White.

El sargento lo miró con tolerancia.

-     Las he pedido  – dijo, y su rostro curtido palideció.

-     ¿Realmente se cumplieron los tres deseos? – preguntó la señora White.

-     Se cumplieron  - dijo el sargento.

-       ¿Y nadie más pidió?  – insistió la señora.

-     Sí, un hombre. No sé cuales fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera, fue la muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono-.

Habló con tanta gravedad que produjo silencio.

-          Morris, si obtuvo sus tres deseos, ya no le sirve el talismán - dijo, finalmente, el señor White - ¿Para qué lo guarda?-

El sargento sacudió la cabeza:

-   Probablemente he tenido, alguna vez, la ida de venderlo; pero creo que no lo haré. Ya ha causado bastantes desgracias. Además le gente no quiere comprarlo. Algunos sospechan que es un cuento de hadas; otros quieren probarlo primero y pagarme después- .

-   Y si a usted  de le concedieran tres deseos más- dijo el señor White-, ¿los pediría?-

-     No sé - contestó el otro- No sé- .

Tomó la pata de mono, la agitó entre le pulgar y el índice y la tiró al fuego. White la recogió.

-     Mejor que se queme- dijo con solemnidad el sargento.

-     Si usted no la quiere, Morris démela-.

-       No quiero –respondió terminantemente-. La tiré al fuego; si la guarda, no me eche las culpas de lo que pueda suceder. Sea razonable, tírela-.

[…]

El señor White guardón en el bolsillo la pata de mono. Invitó a Morris a sentarse en la mesa. Durante la comida el talismán fue, en cierto modo olvidado. Atraídos, escucharon nuevos relatos de la vida del sargento en la India.

-       Sí en el cuento de la pata de mono hay tanto verdad como en los otros- dijo Herbert cuando el forastero cerró la puerta y se alejó con prisa, para alcanzar el último tren-, no conseguiremos gran cosa-.

-     ¿Le diste algo?- preguntó la señora mirando atentamente a su marido.

-       Una bagatela- contestó el señor White, ruborizándose levemente,- No quería aceptarlo, pero lo obligué. Insistió en que tirara el talismán-.

-     Sin duda – dijo Herbert, con fingido horror-, seremos felices, ricos y famosos. Para empezar tienes que pedir un imperio, así no estarás dominado por tu mujer-.

El señor White sacó del bolsillo el talismán y lo examinó perplejamente.

-          No se me ocurre nada para pedirle- dijo con lentitud- Me parece que tengo todo lo que deseo-.

-          Si pagaras la hipoteca de la casa sería feliz, ¿No es cierto?-

El padre sonrió avergonzado de su propia credulidad y levantó el talismán; Herbert puso cara solemne, hizo un guiño a su madre y tocó en le piano unos acordes graves.

-          Quiero doscientas libras- pronunció el señor White.

Un gran estrépito del piano contestó a sus palabras. El señor White dio un grito . Su mujer y su hijo corrieron hacia él.

-          Se movió- dijo mirando con desagrado el objeto y lo dejó caer-, se retorció en mi mano, como una víbora-.

    Extracto del relato La Pata de Mono. (W.W. Jacobs).