lunes, 10 de diciembre de 2012

O Apóstolo. Una aventura diferente.


 
La semana pasada quedé muy gratamente sorprendida por la atractiva y original propuesta de O APÓSTOLO una aventura de animación de cuño gallego que recoge toda la magia y el misterio que rodea el Camino de Santiago.

O Apóstolo cinta dirigida por Fernando Cortizo cuenta con la colaboración de importantes figuras del cine, tanto de Galicia como de España (Luis Tosar, Atilano Franco, Geraldine Chaplin o Jorge Sanz), quienes ponen voz a los curiosos y especiales personajes de esta tenebrosa historia  encuadrada en un entorno muy singular.

La hospitalidad de una pequeña aldea gallega que se encuentra de camino a Santiago, en realidad guarda un misterio que debemos descubrir, y no puedo desvelar más sobre el argumento, tendréis que ir a verla.

Es un relato muy interesante y aunque en ciertos momentos cae un poco en la lentitud, mantiene la atención del espectador hasta el final. Es una combinación magistral de la tradición, y los nuevos tiempos con una moraleja ciertamente reseñable. Es de destacar el gran trabajo en cuanto al acompañamiento de la música que en todo momento se combina con  las aventuras y desventuras de nuestro protagonista y con el desarrollo de la historia.

Es una verdadera pena que una aventura de animación tan original, no haya tenido mayor proyección, puesto que a nuestro parecer es la única propuesta de este tipo con respecto a las últimas películas de animación, que se puede resaltar por ofrecer algo distinto. Y es que ya llevamos un tiempo en que todas los filmes que presentan los grandes estudios (Pixar adquirida por Disney, Dreamsworks Animation, etc..) no están ofreciendo más que copias y re- ediciones de viejas historias, cuando no se trata de la cuarta o quinta entrega de alguna película que en su momento hasta tuvo algo de gracia.

Es interesante apoyar iniciativas que traigan ideas frescas que si bien no tiene la capacidad económica de estos estudios, o la calidad técnica (aunque es bastante alta) de estos grandes monstruos de la industria de animación, sin embargo nos muestran proyectos novedosos y diferentes.

Por ello os animo a que vayáis a ver esta película, si tenéis ocasión porque no os va a defraudar. Ya nos contaréis. Aquí os dejamos un pequeño adelanto...
 

viernes, 7 de diciembre de 2012

Seguimos en otoño con Neruda...

16
  
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
 
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios:
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
 
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
 
En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.
 
 
"Veinte poemas de amor y una canción desesperada" (Pablo Neruda).


jueves, 15 de noviembre de 2012

Pablo Neruda, siempre imprescindible.


Estas semanas coincidiendo con esta época otoñal tan dada a al poesía, vamos a dejar colgados aquí algunos poemas de Pablo Neruda. Espero que nuestra selección os guste.
 

10

Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
 
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

Cayó el libro que siempre se toma en el crespúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.

Siempre, siempre te alejas en las tardes

hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
 

"Veinte poemas de amor y una canción desesperada"

lunes, 5 de noviembre de 2012

La muerte de James Bond

Cuando Pierce Brosnan abandonó el papel de James Bond (su última entrega fue en 2002 con "Muere otro día"), se decidió adjudicar el papel a Daniel Craig. La elección llamó la atención porque Craig era rubio, de origen eslavo y un musculitos. Y eso contrastaba un tanto con el modelo típico de Bond escogido hasta entonces. La razón para esto, para quien viese "Casino Royale" (2006), no podía ser más lógica: James Bond ya no era James Bond. Una elección polémica pero que para cualquiera que viese las últimas películas con Brosman no carece de sentido: porque la saga 007 ya había degenerado en una pirotecnia, en un regusto por los efectos especiales, que no podía desarrollarse mucho más. Pero la saga es una máquina de hacer dinero y para que todo siguiese igual había que cambiarlo todo. Irónicamente, "Casino Royale" fue también el título de la parodia de James Bond de 1967 a cargo de David Niven y Peter Sellers.

Lejos de la parodia, el James Bond de Daniel Craig es otra cosa. Es un personaje creado al calor del boom de la franquicia de Jason Bourne ("El mito de Bourne" se estrenó en 2004: con una rentabilidad del 284% cuando la última de Brosnan había aportado sólo un 204%). Mientras Connery, Moore, Dalton o Brosnan eran espías "con licencia para matar", Daniel Craig interpreta a un asesino puro y duro al estilo de Bourne. Así, Bond no es un tipo que usa aparatitos, un elegante señorito inglés, sino un soldado de élite que se viste de etiqueta. Sea como fuere, la cosa no salió mal y se consiguió con "Casino Royale" un 298% de beneficios sobre el presupuesto. La siguiente película de Bond ("Quantum of Solace", 2008) supuso para muchos un paso atrás en cuanto a la "profundidad" del personaje interpretado por Craig. Y una decepción: porque en el final de "Casino Royale" se dejaba en el aire el argumento de una venganza personal para Bond. Sin embargo, el argumento al final no fue más que la típica historia Bond con un villano atiborrado de tecnología al que derrotar. Tal vez por eso, en esta ocasión, la rentabilidad del film bajó al 193%.

"Skyfall", la nueva entrega de Bond, a cargo de Sam Mendes, nos presenta ahora una apuesta mucho más arriesgada que "Quantum of Solace". Y posiblemente eso termine por reflejarse en taquilla. Pero la apuesta es arriesgada porque es muy radical. Aquí no hablamos de que Bond se enamore o sea un boina verde con traje, que era lo sorprendente en "Casino Royale". No. En "Skyfall" se nos presenta a un Bond menor, debilitado o avejentado. Sea como fuere, el mensaje parece demasiado radical, desnaturaliza al personaje más allá de lo estético: le quita su esencia. Porque lo fundamental en Bond es su superioridad aplastante. Una superioridad basada en sus habilidades individuales y en la tecnología punta que se le proporciona. En esta última entrega de 007 James Bond está debilitado y no utiliza apenas tecnología. De hecho, se apuesta tanto por esta especie de minimalismo tecnológico y al final del film vemos a James Bond haciendo las veces de MacGyver.

Por otra parte, en "Skyfall" no estamos ante un giro original ni mucho menos. Si en "Casino Royale" se apostaba por la vía abierta en la saga Bourne, en la película de Mendes se puede ver un ejercicio bastante obvio de corta y pega de "El caballero oscuro" (2008) de Christopher Nolan. Se ve de nuevo la mano de los productores en esta decisión puesto que esa película de Nolan consiguió una asombrosa rentabilidad: un 442%. De ahí el personaje de Javier Bardem en "Skyfall", que da vida a un tipo que no se sabe muy bien qué pretende pero que actúa de forma impulsiva y alocada. Se nos muestran largos planos mostrando cómo el personaje de Bardem ríe a solas y, como no, tiene una deformidad en la cara. ¿Suena familiar? Sí, en efecto: es el Joker. Siendo el personaje de Joker básicamente un maníaco, un chalado... es fácil caer en una mera sobreactuación en la que puede parecer buena actuación cualquier cosa. De ahí el mérito de Heath Ledger en "El caballero oscuro": él realmente actúa. Bardem, al igual que Brad Pitt en su personaje de "12 monos" (1995), por ejemplo, se limita a ser excesivo. Bardem se muestra excesivo y, gracias a su físico, amenazante. Tiene algunas líneas de guión divertidas y ocurrentes, pero no llega al nivel del Joker de Nolan, evidentemente. Aquél personaje era puro caos, sin historia pasada, mientras que ese planteamiento no es posible en el mundo de 007: donde tiene que haber una explicación para todo. Y la explicación del personaje de Bardem no podría ser más...desagradable. Como alguien ha dicho: el personaje de Bardem a ratos es un despiadado maníaco paranoide o un huerfanito perdido. Es verdaderamente llamativo el desarrollo de la trama respecto a este villano en "Skyfall": cualquiera que la vea podrá comprobar que es prácticamente idéntico al que se desarrolla con el joker en "El caballero oscuro".

No hay que confundirse, "Skyfall", pese a que le sobra media hora, es una película relativamente entretenida. Lo que pasa es que no es James Bond, es otra cosa. Es evidente que la saga 007 atrae mucha expectación, aún tras todos estos años, y siguen usando el nombre por reclamo. Tirando de la nostalgia al máximo, además, en esta "Skyfall". Pero, insisto, esto ya no es James Bond. No basta con rodear al personaje de los tópicos habituales del personaje, es que hace falta EL personaje.




"Ya sólo queda una rata" James Bond.

PS: La evolución de la rentabilidad de las sagas Batman, Bond y Bourne en sus partes de 1 a la 3:







martes, 9 de octubre de 2012

El fraude, de Nicholas Jarecki

Richard Gere es un actor cuyos trabajos más conocidos no me han interesado particularmente. La mayor parte de su carrera como actor la ha pasado poniendo caras de interesante en el recurrente rol de "maduro seductor". En dicha carrera alcanzó grandes cotas de ridículo (véase por ejemplo la inefable "El primer caballero"). Sin embargo, los últimos papeles de Richard Gere han supuesto un cambio importante en esa dinámica.

En "Los amos de Brooklyn" el personaje de Gere era un absoluto perdedor, sin oxígeno vital, un policía sin rumbo que estaba enamorado de una joven prostituta. Algo muy sorprendente en Gere, que casi siempre interpreta el papel de triunfador, de persona que tiene todas las respuestas. En "El fraude", de Nicholas Jarecki, Richard Gere interpreta el papel de un multimillonario que bien pareciera que tiene todas las respuestas, que todo le va bien, que es un triunfador. Pero no. El multimillonario en cuestión, a lo largo de la película, va encontrando más y más obstáculos en su camino hasta el punto de encontrarse ante la perspectiva de perderlo todo. En el fondo, al igual que en "Los amos de Brooklyn", Gere interpreta a un absoluto fracasado en la vida.

En el filme de Jarecki se plantean cuestiones interesantes. Una de ellas es el modo en que el multimillonario protagonista justifica todos y cada uno de sus actos en el presunto interés de otras personas. Pero en realidad sólo defiende su particular interés: la codicia por un lado y el mero sobrevivir por el otro. Y ante ese particular interés no pone en valor ni a su propia familia, a cuyos miembros maneja como peones. La codicia lo es todo. Absolutamente todo.

Otra cuestión interesante, muy interesante, de "El fraude", es que además de ser una película de intigra a la vieja usanza (sin giros disparatados ni complicaciones artificiosas en el guión), constituye una gran pieza de crítica social. Porque sobre el crash financiero de 2008 ya se han realizado varias películas, pero todas ellas intentan tocar una partitura demasiado megalómana: tomando como protagonistas a los grandes personajes, novelizando la alta política. Como si las crisis del capitalismo fuesen capítulos de un folletín que dependiesen, para desencadenarse, de las decisiones de un pequeño núcleo de poder. "El fraude", construida alrededor de un "simple" multimillonario y los personajes que le rodean, huye de esa trascendencia, de esa pompa narrativa, y por eso es la mejor película sobre dicho crash. Dejando en absoluto ridículo a productos como "Wall Street: el dinero nunca duerme" de Oliver Stone, Jarecki deja claro qué fue lo que nos llevó "a la burbuja". Y lo hace, como decía, sin una voz en off que nos lo explique, sin ningún Elliot Ness (especial atención a la soberbia actuación de Tim Roth como policía en esta "El fraude") que señale el delito. Ni siquiera la correcta "Margin Call" puede resistir la comparación con "El fraude"; a su lado resulta dramáticamente hueca, plagada de discursos, a su lado.

A través de los personajes, Jarecki nos muestra dos mentalidades: la que es esclava del dinero y la del honor y la integridad personal. La confesión de su codicia del personaje de Richard Gere a su hija refleja perfectamente esta "fiebre del oro" de las desreguladas finanzas en el nuevo siglo. Una fiebre por el riesgo que, acaso irónicamente, se ve puesta a prueba cuando toda su vida y toda su fortuna dependen de la decisión de un joven negro de Harlem.

En definitiva, la película "El fraude" es un thiller a la vieja usanza que desde su sencillez hace mucho más por explicar qué nos llevó a todo este desastre económico que los propios medios de comunicación o las series documentales de la HBO y similares. Porque el origen de las burbujas, de las crisis, de este desastre en el que malvivimos, no es otro que la codicia de individuos con cara y ojos. Como decía cierto personaje de la serie "Treme":

"No debes intentar trucos con el sistema, el sistema ya está trucado. Sólo hay que saber las reglas".




martes, 25 de septiembre de 2012

A Roma con amor

Recientemente se estrenó la última película de Woody Allen: "A Roma con amor". Dicha película sigue en la línea del resto de vacaciones europeas de Allen: mostrar un recorrido cuasi-turístico con la excusa de un argumento que va surgiendo sobre la marcha.

Se suele decir que los que son fans de Woody Allen se reirán con cualquier chiste que éste haga, sea bueno o malo. En mi opinión, Allen ha realizado muchas películas sin ninguna gracia. No es el caso de "A Roma con amor", pero hay algo más preocupante en el conjunto. Porque si bien "Midnight in Paris" era una curiosa historia, "A Roma con amor" no es más que una acumulación de ocurrencias, con "películas dentro de la película". Se aprecia así, por ejemplo, una terrible divergencia de escala temporal entre las historias: porque por un lado se nos muestra el día de una pareja de recién casados pero por otro se muestran dos historias que parecen desarrollarse a lo largo de días o incluso semanas. A raíz de esto, la película no parece del todo bien ensamblada. Es una gamberrada. Una gamberrada, eso sí, con unas bellas vistas de Roma.

En esta película, claro, destaca la reaparición como actor de un Woody Allen con 76 años de edad. Sigue interpretando bien el papel de cascarrabias, con sus ocurrencias y su característica obsesión con la muerte. En esta ocasión tiene varios diálogos con destellos del viejo humor de Allen, pero, como otras veces, lo que al principio hace gracia se alarga demasiado. Da la sensación de que las aceleradísimas producciones de Allen a veces surgen de chistes y ocurrencias puntuales que luego son alargadas hasta conseguir una nueva película. Y en ocasiones, el efecto resulta muy pobre mientras en otras, parece bastante mejor.

Aún con el peligro de que se me califique de beato, prefería al Woody Allen de los comienzos. Un director que representaba farsas con momentos de cámara rápida y organillo con el telón de fondo de la crítica social. Porque donde antes veíamos una ácida crítica social, ahora sólo vemos puras exhibiciones de libertinaje y críticas a la familia tradicional. En "A Roma con amor", al igual que en "Si la cosa funciona" (2009), de nuevo vuelve la más desenfrenada infidelidad conyugal a ser protagonista de casi todas las historias. Este hecho sin duda tiene mucho de justificación autobiográfica del propio Woody Allen. Algo parecido, salvando las distancias, a lo que pretendió Elia Kazan al rodar "La ley del silencio".

Cabe destacar que entre los protagonistas vemos a un Roberto Benigni en su único registro conocido: el de la performance de payaso vociferante. A Penélope Cruz, como en tantas y tantas de sus películas, haciendo de mujer de moral dudosa marcando trasero. Un Alec Baldwin haciendo de una especie de voz en off del joven Jesse Eisenberg encarnada con la que, inexplicablemente, interactúan otros personajes. El mencionado Eisenberg (que con casi 29 años tiene la joroba de una persona de 80 años) sigue en su habitual registro de joven repelente; que interpreta a un estudiante de arquitectura que vive como un yupi parasitario en el Trastevere junto a su novia que se ve tentado por una amiga de ésta. Dicha amiga aparece interpretada por la andrógina Ellen Page, que interpreta convincentemente el papel de pedante farsante tantas veces criticado en los filmes de Allen, pero que resulta increíble en el papel de devora hombres. 

En resumen, "A Roma con amor" resulta un pasatiempo, pero sus mensajes subyacentes, como viene siendo habitual en Allen, son bastante reprobables. Debe decirse que Woody Allen ha pasado de verse a sí mismo como un contestatario judío neoyorkino, generalmente un don nadie, a verse como un adinerado en permanentes vacaciones. Algo que ha supuesto, inevitablemente, que Woody Allen perdiese al menos la mitad de su fuerza original, convirtiéndose en mero crítico de las personas y sus relaciones, en lugar de crítico de la sociedad.





"Dios ha muerto, Nietszche ha muerto y yo no gozo de buena salud." Woody Allen

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Apuntes de Verano (IV).


Terminamos ya esta sección de Apuntes de Verano, con un poema de Antonio Machado El Mañana Efímero recogido en su obra Campos de Castilla (1912), que constituye un retrato de la España de su tiempo, pero que perfectamente se podría aplicar a la Epaña que hoy en día vemos. La existencia de las "dos Españas" y el dolor por su patria (tan propio de la generación del 98) son temas recurrentes en esta obra. Más tarde con el estallido de la Guerra Civil Española, ese dolor por España se convirtió en un sufrimiento  personal, al verse perseguido y obligado al exilio.

[ CXXV]

EL MAÑANA EFÍMERO

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará un mañana
vacía y ¡por ventura! pasajero.
será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero;
a la moda de Francia realista,
un poco al uso de París pagano,
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digan a usar de la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacía y ¡por ventura! Pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana
de un sayón con hechuras de bolero,
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en a mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.