martes, 16 de noviembre de 2010

martes, 2 de noviembre de 2010

Pablo Neruda.

Poema XVIII

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se descine la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.

A veces amanezco, y hasta mi alma esta húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

Extraído de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada".

jueves, 28 de octubre de 2010

La red social



Muchas películas, muchos directores, se aproximan a los malvados de su historia como quien contempla a un demonio enviado desde el infierno. Meros ejecutores automáticos de lo que les dicta su naturaleza malvada, aparecen siempre en contraste con personajes buenos sin demasiados matices. En "La red social", de David Fincher, los malvados que aparecen son simplemente gente con intereses, como cualquiera de nosotros. El mal es banal. El mal es dejar de prestar consideración a tus amigos, el silencio a quien espera tu confianza y, por supuesto, el engaño sobre esto o aquello en cuestiones aparentemente sin importancia. Es el cinismo. No hay necesidad de cuernos y rabo u hordas de oscuros servidores: el Diablo camina entre abogados.

Lo cierto es que tras ver la película de Fincher a uno se le pasa por la cabeza borrarse de Facebook. Porque quien ha creado el invento, según el filme, es una persona sin escrúpulos: un amoral. Una persona que nos encontramos en muchos ámbitos, por otra parte. Se trata del clásico individuo que sin llegar a ser solitario sí es incapaz de conectar con nadie y, en cierto modo, sabotea sus propias relaciones con los demás para "ir a su aire". Un informático que, por lo demás, en un momento y lugar diferentes a los EEUU del 2003 sería un potencial fracasado. Pero ya se sabe: los astros a veces se alinean de forma siniestramente favorable a esos fracasados.

La red social narra la historia desde tres puntos de vista, fundamentalmente: el del propio creador de Facebook (Mark Zuckerberg), el de quien se creía su mejor amigo (Eduardo Saverin) y fue financiador inicial del proyecto y finalmente el del grupo de estudiantes ricos de Harvard que encargaron a Zuckerberg el crear una red social para sentirse luego estafados. El más interesante, bajo mi punto de vista, es el de Eduardo Saverin: una persona ambiciosa pero honesta que se ve terriblemente traicionada, y desplazada, por un Zuckerberg que decide asociarse con el creador de Napster Sean Parker. Es interesante el punto de vista de Eduardo porque todos en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido traicionados, poco a poco, por las personas que creíamos de confianza. Al personaje de Saverin su amigo Zuckerberg le hace tragar poco a poco el veneno de su traición. Saverin, incrédulo, caerá en todas y cada una de las emboscadas que le tienda su amigo. Cuando finalmente toma conciencia del alcance de la estafa de que fue víctima su reacción todavía busca una reacción en el gélido Zuckerberg. Quiso ver en Zuckerberg un amigo, hasta el final: su engaño fue total. No hay pactos entre leones y hombres.

La persona que Fincher sugiere que es Zuckerberg podría resultar fascinante por su naturaleza maquiavélica. Algo que ocurría con Michael Corleone en la trilogía de El Padrino y con tantos otros malvados del cine. Sin embargo en Zuckerberg tenemos, en realidad, a un don nadie bastante poco admirable. Pero en la era de Internet, tal y como estamos viendo estos días, los héroes no son caballeros de reluciente armadura.

La revolución de Internet no es diferente, al final, de otras tantas. Las características de los emprendedores en los sectores de actividad económica suelen ser similares a las de Zuckerberg. Algo lógico dado que los nuevos procesos económicos necesariamente preceden a cualquier legislación y la lucha por la cuota de mercado es, en consecuencia, relativamente brutal. Y así se muestra en la película: donde Zuckerberg mediante tretas legales, abogados y oportunas lecturas acerca de los vicios de quienes le rodean consigue quedarse con todo y ser el indiscutible dueño de Facebook. Pero la diferencia del caso de Zuckerberg es que todo eso lo consigue sin apenas mancharse las manos: algo que le diferencia de los barones ladrones de las nacientes industrias del acero, los ferrocarriles o el petróleo. Y he ahí la diferencia respecto a un Michael Corleone o al despiadado Daniel Plainview, genialmente interpretado por Daniel Day-Lewis, de "Pozos de ambición". El componente físico, torcidamente heroico, de la construcción de los antigüos emporios económicos se desvanece y es sustituído por estrategias legales en forma de e-mail. Como diría Arturo Pérez-Reverte, ahora la pugna por el control de industrias en expansión es una mariconada. Y algo en nuestro interior, algo acaso salvaje, nos dice que es verdad: que Michael Corleone es un tipo listo que busca proteger a su familia (otro elemento ausente en Zuckerberg) mientras que el creador de Facebook es un hijo de puta. Se trata de turbocapitalismo.

Zuckerberg, evidentemente, no mata a nadie. Pero sin embargo se trata de alguien aterrador, en cierto modo, porque se trata, según la película de Fincher, de esa clase de personas que saben leer perfectamente los puntos débiles de los demás y van siempre una jugada o dos por delante de tí. Un personaje despreciable que me recordó mucho al Freddie Miles, interpretado por Philip Seymour Hoffman, de "El talento de Mr. Ripley": un personaje cínico y amoral que veía transparente al personaje de Ripley. Y el Zuckerberg de La red social sin duda ve transparentes a las personas y las manipula con el mismo cargo de conciencia que el científico que experimenta con ratas. 

La red social es la película más conmovedora, en lo trágico, que se ha realizado en bastante tiempo. Es un contundente golpe en el estómago. Zuckelberg, por su parte, es el villano más indignante llevado al cine, también, en mucho. Si la váis a ver saldréis del cine, seguramente, con remordimientos por estar en Facebook. Se trata, en definitiva, de la critica al capitalismo salvaje más elocuente realizada en el cine hasta la fecha: sin moralina en vena ni intenciones ideológicas groseras. Os la recomiendo encarecidamente.







"La ambición suele llevar a los hombres a ejecutar los menesteres mas viles: por eso para trepar se adopta la misma postura que para arrastrarse". Jonathan Swift.

lunes, 11 de octubre de 2010

Descanse en paz


Solomon Burke (1940-2010)

Descanse en paz

viernes, 1 de octubre de 2010

Un vistazo a la colección "Fuerzas de Élite"

Bloguzz me concedió la oportunidad de recibir los cinco primeros números de la colección de RBA "Fuerzas de élite" a condición de hacer aquí una reseña de los mismos. Una ventaja de ser blogger y, sin duda, un nuevo avance en el marketing referido a colecciones: cuya publicidad es tan habitual en televisiones y radios, como sabemos, con el comienzo del nuevo curso académico.

Para hablar de la colección "Fuerzas de élite" debemos ante todo hablar de calidad. Pues son muchas las colecciones que ofrecen productos de carácter divulgativo y, sin duda, no es el caso de esta. La colección se fundamenta en una serie de monografías sobre tropas de élite de la prestigiosísima Osprey Publishing. Una editorial que cualquiera que tenga gusto por la historia militar simplemente no puede desconocer. Las monografías de dicha editorial van de lo general a lo particular, con publicaciones de mayor o menor extensión, desde el comienzo de los tiempos documentados a los conflictos militares de la actualidad. Y semejante cobertura la alcanzan mediante el concurso de muchos y prestigiosos historiadores que ponen su pluma al servicio de las más apasionantes, y exhaustivas, historias. En dicha editorial hay "series" en las que o bien se tratan conflictos bélicos en particular, o los pormenores de una batalla en concreto o a las unidades de combate de tal o cual ejército. Este último caso es el de la colección de RBA "Fuerzas de élite".

Los cinco números que me fueron facilitados versan sobre: la Legión Española, los Marines norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial, los francotiradores, la Legión Cóndor y las S.S alemanas. Cada uno de ellos se basan en el trabajo de diferentes historiadores; una circunstancia que hace variar el enfoque que se le da a cada uno de ellos. Sin embargo, a todos es común una enorme cantidad de detalles y anécdotas desmitificadoras sumamente gratas para quienes ya hayan leído materiales más divulgativos. Aunque, eso sí, el nivel de detalle no está, en general, reñido con el interés. Un interés que se ve reforzado por el amplio abanico de fotografías e ilustraciones que pueblan todos y cada uno de los títulos que he podido leer.

A diferencia de otras colecciones, la de "Fuerzas de élite" no se basa en un producto que se ve acompañado de un añadido en forma de pequeña monografía. En este caso el producto es la monografía en cuestión. Esto lo hace un producto, como he sugerido antes, especialmente atractivo para quienes estamos interesados en la historia en general: sin necesidad de ser grandes aficionados a la historia militar específicamente. Máxime cuando no es habitual, generalmente, encontrar los títulos de Osprey en las librerías generalistas en España. Porque no somos pocos quienes conocemos las obras de Osprey exclusivamente en inglés. Ahora tenemos a nuestra disposición, gracias a RBA, una forma directa y simple de encontrar estas maravillosas monografías.

Por otra parte, el principal problema que podemos encontrar con los libros de Osprey en esta colección de "Fuerzas de élite" es que nos veamos abrumados por las secciones dedicadas a uniformes y armamento o, más especialmente, con el engorroso sistema de láminas incluído. Engorroso, digo, porque encontrándose las láminas en la mitad de la obra debemos ir hacia el final de la misma para encontrar los comentarios a las mismas. Sea como fuere la mecánica que yo recomiendo es dejar las láminas para el final tras leer el cuerpo de la monografía siguiendo el hilo principal.

La monografía, de las cinco a las que amablemente Bloguzz me ha dado acceso, que más me gustó es la referida a los Marines de la Segunda Guerra Mundial. La razón es la forma en que se nos muestra la vida dentro del USMC: a través del testimonio "novelado" de un miembro de la cuarta división de marines desde su reclutamiento e instrucción a su traslado y combate en el campo de operaciones del Pacífico. En esta monografía se conocen algunos detalles muy interesantes sobre las condiciones del servicio en los Marines y, en general, en cualquier cuerpo armado durante la Segunda Guerra Mundial. Un ejemplo: los contenedores de lanzallamas, pese a lo que se muestra en el cine, rara vez explosionaban al ser impactados por balas. Resulta también singular la enemistad este-oeste, al parecer ya tradicional, entre los Marines instruidos en California (Camp Pendleton) o en Carolina del Norte (Camp Lejeune).


Otra que me gustó mucho es la monografía dedicada a los francotiradores. Es también muy detallada y cubre las evoluciones de la óptica y los fusiles de precisión desde la guerra de independencia norteamericana a la actualidad. Se narran muchas anécdotas sobre algunos francotiradores, y su tenacidad, así como se ponen en duda algunos tópicos sobre el oficio bastante extendidos. Tópicos como que los francotiradores se apostaban en posiciones elevadas "obvias" como un campanario (especialmente brillante, en esta entrega de la colección, una lámina sobre un "pueblo tipo" de la Francia de 1944 y las localizaciones óptimas de un francotirador) o que son un oficio para buenos tiradores. En realidad,  para el oficio de francotirador son más aptos quienes tienen capacidad para el acecho y la caza mucho antes que quienes tengan buena puntería. En la monografía, además, se hace una crítica al tratamiento oficial que han recibido los francotiradores, tradicionalmente, en los ejércitos: pues rara vez se han establecido unidades estables, e independientes, de francotiradores. Este ejemplar de la colección "Fuerzas de Élite" termina afirmando, rotundo: "en el campo de batalla del futuro no será posible esconderse de un francotirador".

Por otra parte, otro ejemplar muy notable es el dedicado a la Legión Condor. Muy notable, además, por la circunstancia de que los archivos del ejército alemán referidos a esta célebre unidad fueron destruídos por un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial. De ahí que el monográfico en cuestión sea especialmente valioso: pues establece teorías razonables acerca de la uniformidad y equipos a través del análisis de los documentos fotográficos disponibles sobre la unidad. Curioso el detalle de que los soldados alemanes que sirvieron como voluntarios en el bando nacional durante la guerra civil recibían en dicho ejército el grado inmediatamente superior al que ostentaban en el alemán.

Después se deben mencionar las monografías dedicadas a las S.S nazis o la Legión Española. El de la Legión muestra una buena, y pormenorizada, narración cronológica de la guerra del Rif y del enormemente valioso papel que la recién surgida Legión tuvo. Se añade también una reseña menor sobre su papel durante la guerra civil y los papeles que ha ido adoptando en los últimos tiempos. Sin embargo, de nuevo, llaman la atención las curiosas anécdotas que se mencionan. Por ejemplo: los correajes iniciales que llevaron los soldados de las primeras banderas de la Legión fueron adquiridos a los británicos en Gibraltar. La monografía dedicada a las S.S alemanas, por su parte, si bien mantiene el tono de corrección y calidad del resto de los ejemplares tiene un problema de planteamiento que lo hace un poco más incómodo de leer. Porque si bien todos los ejemplares de "Fuerzas de Élite" analizados tenían una generosa sección para analizar armas, uniformes y equipos en este dedicado a las S.S aparece directamente al principio y eso hace difícil "hincarle el diente". Sin embargo, como decía, el cuidado y detalle de los contenidos es marca Osprey: imposible de rechazar.

A los que os interese, y los que podáis, os recomiendo encarecidamente que os hagáis con las monografías que vayan saliendo. Cada ejemplar es un tesoro que vale tan solo 9,95 €. Alrededor de 70 páginas cada uno. Es de RBA, es de Osprey: horas y horas de lectura de calidad garantizada para amantes de la historia. Aprovecho para dar las gracias a Bloguzz por darme la oportunidad de leer y comentar esta interesantísima colección.



"Se puede quitar a un general su ejército, pero no a un hombre su voluntad." Confucio



viernes, 24 de septiembre de 2010

Con la muerte en los talones


"A veces la verdad es amarga como la hiel"


Con la muerte en los talones, cuyo título original es North by Northwest (1959) es sin duda una de las películas más laureadas por público y crítica de Alfred Hitchcock. En realidad esta película tiene varios puntos fuertes; el primero evidentemente es el guión de Ernest Lehman, ya que los diálogos son frescos (y con los años no han perdido un ápice de dinamismo), con momentos de humor y sobre todo con mucho contenido (incluso introduciendo pequeñas puñaladas al antiguo productor de Alfred Hitchcock; ya que en el momento en que Eve (Eva Maria Saint) y Roger (Cary Grant) se encuentran en el tren y este saca una caja de cerillas con las inciales de su nombre, ella le pregunta “¿qué significa la “O” de las iniciales de la caja de cerillas? , y el responde que “Nada” haciendo clara referencia al apellido de su antiguo colaborador. Al menos esto es lo que cuentan las malas lenguas sobre este momento del diálogo, que a priori parece descontextualizado al ver la película).

En segundo lugar el reparto de actores con Cary Grant por supuesto, pero destacando y brillando con luz propia como de costumbre Eva Maria Saint, que da vida perfectamente a un personaje tan dual como el de Eve.

En tercer lugar destacar lo perfectamente hilvanado que está el argumento, en el que los personajes ficticios toman vida, y los reales se difuminan en esa vorágine de mentiras “arriesgadas” donde la verdad se encuentra escondida en los más recóndito de algún despacho de la CIA.

Y por último la fotografía de Robert Burks del que recuerdo el gran trabajo realizado en Extraños en un Tren, otra gran película a recomendar.

Con la muerte en los talones, al contrario que otras películas de suspense de Alfred Hitchcock tiene un componente humorístico indudable aunque no por ello pierde su carácter sombrío, lo cual hace de esta película una verdadera joya. Aunque bien es cierto, que tiene detalles de total inocencia y poco creíbles, pero que son perdonables y casi pasan desapercibidos en la montaña rusa de emociones que supone esta película. La intriga nos sumerge y nos embauca fácilmente. Es intrigante, emocionante y con una gran puesta en escena, por no hablar de las grandes interpretaciones de los dos actores protagonistas.

El argumento es sencillo ya que se trata simplemente de un ejecutivo del mundo de la publicidad, Roger O. Thornhill, que es confundido a causa de un malentendido con un agente del gobierno llamado George Kaplan por una organización de espionaje. Secuestrado por tres individuos y llevado a una mansión en la que es interrogado, consigue huir antes de que le maten. Cuando al día siguiente regresa acompañado de la policía, no hay rastro de las personas que había descrito, y es tomado por borracho y loco.

Así que si alguno de los que frecuentemente visitan este blog tiene una tarde de aburrimiento le recomiendo que le de una oportunidad a esta película que si bien peca de inocencia en algunos aspectos, rara vez puede dejar indiferente.


lunes, 13 de septiembre de 2010

Rebelión a Bordo

Mucho se ha escrito sobre la película "Rebelión a bordo" de Lewis Milestone. Curiosamente la crítica no duda en minusvalorarla. La condenan ya sea en base a los problemas de rodaje y cambios de dirección creados y provocados por Marlon Brando o en base a ñoñerías nostálgicas: tan propias del gremio de los críticos de cine. Sea como fuere, bajo mi punto de vista la "Rebelión a bordo" de 1962 es la mejor de las tres adaptaciones que, hasta la fecha, se han realizado de la historia de la travesía del HMAV Bounty.

Aún es objeto de discusión qué ocurrió en la Bounty y cuál fue la razón por la que Fletcher Christian se amotinó contra su amigo y capitán el teniente de navío William Bligh. Sea la causa la brutalidad o ruindad de Bligh o la lujuria de Christian y los suyos, lo que resulta claro es que se trata de una aventura notable. Una aventura tan notable que ha sido objeto de tres grandes producciones.

La razón por la que prefiero la versión que tiene por protagonistas a Marlon Brando (Christian) y Trevor Howard (Bligh) es la más trascendente de todas. La historia que en ella se cuenta no aspira a otra cosa que representar una contienda moral entre el bien y el mal. Una lucha maniquea entre un bien y un mal que se muestran en franca relatividad. Una lucha entre un Bligh, hecho a sí mismo, obsesionado con el deber y la disciplina y un Christian, aristocrático, embriagado de amor propio. La pugna entre ambos es la pugna entre dos formas de mal que, según las apariencias, comportan la lucha por un bien. Y este es el objeto fundamental de la película.

En la versión de Milestone todo se subordina a la contienda moral entre la tiranía y la libertad. Es por esto que en muchos aspectos se trata de la versión menos fiel a la auténtica historia de la Bounty. Sin embargo la propia idea que la gente tuvo siempre respecto a la Bounty fue esa: Bligh era un malvado que llevó al extremo a su tripulación y ésta se amotinó. Es posible que no sea cierta, pero no es menos cierto que Bligh, quien llegó a vicealmirante, tuvo a lo largo de su vida que enfrentarse a más motines entre sus hombres. Una interesante correlación. Sin embargo el Bligh de la versión de Milenstone es una caricatura, igual que Christian. Porque en la Bounty sólo murieron dos tripulantes bajo el mando de Bligh y ninguno de ellos por causa de sus órdenes: por un lado murió el médico, alcoholizado, y por otro un hombre que contrajo fiebres. Lo cual significa que es falso que Bligh ejecutase a alguno de sus hombres. Ni siquiera parece cierto que Bligh repartiese latigazos con fruición entre la tripulación, como mantiene la película. No, no hay una precisión histórica. Dicha precisión se alcanza, más o menos, en el film de 1.984 de Roger Donaldson, pero eso no interesa. Lo interesante es la aventura y no desmitificarla. Tampoco resiste la comparación, por su evidente  moralina, la versión de 1.935. Porque sostener que la versión de Frank Lloyd es mejor que la de Milenstone es el típico caso en que la naftalina es confundida con el oro. Pues aún aceptando la inocencia del cine de por entonces la película descansa exclusivamente sobre los hombros de Charles Laughton. Un Charles Laughton que interpreta mejor que nadie a Bligh porque él mismo era una suerte de Bligh en la vida real: un reprimido que disfrutaba insultando y humillando a quienes le rodeaban.

La interpretación que Marlon Brando hace de Christian es simplemente genial. El grado de arrogancia y presunción de que dota al personaje hace de él algo inolvidable. Tanto, de hecho, que importa de nuevo muy poco que el personaje sea una caricatura, un epónimo alejado de la realidad histórica a la que se acercaban mucho más Clark Gable o Mel Gibson en sus versiones. Su oposición a Bligh es inmediata, racial: él interpreta a un hombre de elevada cuna que se une a la expedición de la Bounty casi como quien se va de crucero o, en palabras del personaje, como fruto de "un proceso de eliminación". Bligh, sin embargo, es un hombre salido de la marinería, un hombre de mar con semejante sentido del deber que sólo aspira a que sus hombres le teman "más que a una muerte instantánea"

El almirantazgo pide llevar el árbol del pan de la muy lejana isla de Tahití hasta la no menos lejana isla de Jamaica. Christian se pregunta inmediatamente si importa mucho llevar "unos matojos" a Jamaica, Bligh sin embargo no duda: la misión está por encima de cualquier otra consideración. De ahí que intente forzar la ruta del Cabo de Hornos, sin éxito, y finalmente se desahogue del fracaso exigiendo un rendimiento extremo a sus marineros: algo que consigue administrando severos castigos y reducciones en las raciones. Christian considera todo eso un exceso pero no le perturba en tanto la sangre no salpique su uniforme. A raíz de esto vendrá el motín: Christian se rebela sólo cuando Bligh, reprobando una insubordinación de Christian, termina propinándole una patada. Y es en este momento del motín en que el guión del filme llega a cotas elevadísimas. Bligh, impasible, desprecia la rebeldía de Christian mientras éste se debate entre la idea de lincharle y la de, con toda tranquilidad y educación, apearle del buque dejándolo a la deriva en un bote. La escena del motín no es un trámite ni un momento caótico, es literatura en imágenes: cada línea de guión, oro puro.

Muchos tripulantes respiran con alivio tras abandonar a Bligh a la deriva, sólo se lamentan por no haberle matado. Christian, aristócrata, tenía una posición que con su rebeldía ha perdido para siempre y se siente perdido. Al emprender la búsqueda de un refugio al frente de sus piráticos camaradas él es el único en mostrarse apenado. Los marineros, inconscientes, se sienten alegres de perder de vista la disciplina y humillaciones de Bligh y hablan de libertad. Christian sin embargo sabe que ahora están libres de Bligh pero no de la venganza que desatará. Así, Christian se lamenta: "hice lo que hice porque me lo dictaba el honor y ese pensamiento me consuela". No quería el bien de nadie, no quería justicia para la marinería, que concebía como una curiosidad transgresora, sino que se rebeló exclusivamente contra un inferior social que le faltaba al respeto: Bligh. Un curioso revolucionario que, en cuanto tal, no tendría un fin distinto del de tantos otros: muerto por causa de sus camaradas más radicales. Unos camaradas que, como el propio Christian, dejaron su huella.

"Rebelión a bordo" constituye una severa crítica a un ser humano que está condenado a debatirse entre unas miserias y otras. Una realidad en la que, al modo de la fábula de Mandeville, el mal privado puede convertirse en un bien colectivo y, añado, viceversa. ¿Cuántas revoluciones se han librado en nombre de las más elevadas causas por los más bajos motivos?

Los caminos del hombre son inescrutables.

"Y dele usted las gracias al Diablo, que es quien le protege, de no haber logrado hacer de mi un asesino" Fletcher Christian.